Emile Benveniste

En la página 166  anticipamos que en los recortes escogidos del texto de Benveniste puede leerse una articulación entre el Nombre del padre y las estructuras de parentesco.
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El libro “Vocabulario de las instituciones indoeuropeas” [1]  incluye una serie de conferencias dictadas en el College de France que Lucien Gerschel ha recopilado.

Hemos corregido – afirma Benveniste-  profundísimamente, a menudo reescrito por entero, esa primera redacción a la que hemos añadido nuevos desarrollos.

LlBRO 2 – EL VOCABULARIO DEL PARENTESCO

INTRODUCCIÓN

Los términos indoeuropeos relativos al parentesco figuran entre los más citables y mejor asentados del indoeuropeo, al estar representados en casi todas las lenguas y deducirse de correspondencias claras. Se cumplen todas las condiciones favorables para un estudio exhaustivo. Sin embargo el problema no ha evolucionado desde 1890, fecha de la publicación de la obra de Delbrück, Indogemanische verwandtschaft-sverhältnisse, donde se presentan las dos principales conclusiones que se pueden sacar de las correspondencias: por un lado la estructura familiar que se esboza a través del vocabulario es la de una sociedad patriarcal que se apoya en la filiación paterna y que realiza el tipo de la «gran familia” (aún observada en Servia en el siglo XIX) con un antepasado en tomo al cual se agrupan todos los descendientes macho y sus familias restringidas; por otro lado, los términos de parentesco se refieren al hombre; los que afectan a la mujer son poco numerosos, inseguros y de forma a menudo, flotante.

Sin embargo, los progresos realizados desde hace siete u ocho decenios no han consistido solamente en la reunión de una mayor cantidad de datos tomados en préstamos a un número mayor de sociedades, sino también y sobre todo, en una mejor interpretación, a medida que se precisaba la teoría general del parentesco.

Los sistemas que se ha podido conocer fuera del mundo indoeuropeo hacen uso, a veces, de términos idénticos para parentescos que, en nuestras sociedades occidentales y modernas, son distintos: por ejemplo los de “hermano» y de «primo”, de “padre» y de «tío paterno”, etc. Inversamente, separan parentescos que nosotros confundimos: «hermano de la madre» y «hermano del padre» (para nosotros «tío), bija de la hermana» e «hijo del hermano» (para nosotros «sobrino»), etc. Pero estas relaciones que hoy nos son extrañas, tienen a veces su equivalente en el mundo indoeuropeo antiguo, donde se trata de reconocer, como en todo sistema de parentesco, ciertos principios de clasificación.

CAPITULO 1

LA IMPORTANCIA DEL CONCEPTO DE PATERNIDAD

De todos los términos de parentesco, la forma mejor asegurada es el nombre del padre: *pater, scr. pitar-, arm. Hayr, gr. Patér, latPatr,  a.irl. athein, got. Fadar, tok. A pàcar, B pàcar.  Sólo dos de estas formas se apartan del modelo común: en irlandés y en armenio ha habido alteración de la p inicial. En tokario, la a de pàcar no representa una larga antigua; y la c (= ts) continúa la t indoeuropea palatalizada.

El testimonio de cierto número de lenguas revela otra denominación. En hitita encontramos atta, forma que responde al lat. atta. gr. átta , got. atta, a. esl. Ôticî  (forma derivada de atta. salida de *at(ikos).

Es una suerte conocer atta en hitita, porque la escritura en ideogramas enmascara la forma fonética de la mayoría de los términos de parentesco: sólo “padre», «madre», «abuelo» están  escritos con claridad; no conocemos ni «hijo», ni “hija”, ni «mujer», ni «hermano”, anotados exclusivamente en ideogramas.

El gótico tiene dos nombres, “atta” y “fadar”. Se los suele citar en el mismo plano. En realidad el nombre del padre es, en todas partes, atta, de fadar tenemos un solo testimonio, Gal. IV, 6, donde un vocativo (Abba Padre) “¡Abba.! ¡Padre!» (Abba  forma aramea de invocación tradicional, recogida por el nominativo-vocativo griego), es  traducido por abba fadar. Al parecer, habiendo querido evitar el traductor *abba atta, recoge la vieja palabra, usual en los demás dialectos germánicos y que ha dejado incluso en gótico el derivado fadrein, «linaje, padres»; por lo demás, en todas partes el griego patér es traducido por atta, incluido en la fórmula atta unsar, «nuestro Padre». ¿A qué se debe: que *pater no aparezca en hitita ni en antiguo eslavo? No se responde a esta cuestión si uno se contenta con decir que *atta es una forma familiar de *pater. El verdadero problema es mucho más importante: ¿*pater designa propia y exclusivamente la paternidad física?

El término *pater se impone en el empleo mitológico. Es la calificación permanente del dios supremo de los: indoeuropeos. Figura en vocativo en el nombre divino Júpiter: la forma latina Júpiter ha salido de una fórmula de invocación: *dyeu pater, «¡Cielo padre!», que abarca exactamente el vocativo griego Zeú pater (Zeú pater). Al lado de Júpiter se nos ha conservado el nominativo Diéspiter, que responde al védico dyauh pita. A los testimonios del latín, del griego, del védico, se añade el del umbro lupater, y, por último, una forma menos conocida, pero interesante Deipaturos (Deipaturos)  glosada en Hesiquio: dios de los estinfeanos, «dios de los estinfeanos”. Habitantes de Stymphaea, ciudad de Epiro. En esta región, de antiguo doblamiento ilirio, una parte de la herencia iliria se mantiene a través del dorio: la forma Deipoturos debe a «un vocativo de origen ilírio. El área de esta apelación divina es lo bastante amplia para que tengamos derecho a referir al periodo indoeuropeo común el empleo mitológico de ese nombre del «padre».

Ahora bien, en esta figuración original la relación de paternidad física está excluida. Estaremos fuera del parentesco estricto  y *pater no puede: designar al «padre» en el sentido personal. No se pasa tan fácilmente de una acepción a otra. Se trata de dos representaciones distintas y pueden, según las lenguas, mostrarse irreductibles una a otra. Para hacer visible esta diferencia, revisaremos las observaciones del misionero W. G. Ivens, que ha relatado su experiencia en el Pacifico occidental. Al intentar traducir los Evangelios al melanesio, lo más difícil, dice, es traducir el Pater noster porque ningún término melanesio responde a la connotación colectiva de Padre, “la paternidad no es en esas lenguas más que una relación personal e individua!»; un «padre » universal es inconcebible entre ellos.

La repartición indoeuropea responde, en líneas generales, al mismo principio. Este «padre» personal es atta, único representado en hitita, en gótico, en eslavo. Si en estas lenguas, el término antiguo *Patter ha sido suplantado por atta, es que  *Patterer ante todo término clasificatorio: de esto hallaremos confirmación estudiando el nombre de «hermano”.

En cuanto a la palabra atta misma varios rasgos ayudan a definirla. Su forma fonética la clasifica entre los términos «familiares».Y no es fortuito que se encuentren para «padre» nombres semejantes o incluso idénticos a atta en lenguas muy diversas y no emparentadas, en sumerio, en vasco, en turco, etc. Además, atta no puede ser separado de tata que, en védico, en griego, en latín y en rumano, es una manera infantil, tradicional, de interpelar afectuosamente al padre. Por último, como le verá a propósito del adjetivo germánico «noble»: *attalos > edel, adel, este apelativo ha producido varios derivados que tienen su lugar en el vocabulario de las instituciones.

De donde se deduce que atta debe ser el «padre nutricio», aquel que educa al niño. De ahí se deriva la diferencia entre atta  y pater Los dos han podido coexistir y coexisten, en efecto, bastante ampliamente. Si atta ha prevalecido en una parte del dominio, es probablemente a consecuencia de cambios profundos en las concepciones religiosas y en la estructura social. Efectivamente, allí donde sólo está en uso atta, no quedan huellas de la antigua mitología en la que reinaba un dios «padre».

(…)

Los nombres del padre y de la madre son de fonación simétrica; implican una misma final en -ter, que se constituye como sufijo característicos de los nombres de parentesco y que ulteriormente se ha extendido en varias lenguas al conjunto de los nombres de la familia.

No podemos analizar *pater  ni  *Mater es, por  consiguiente imposible decir si desde el principio la final era un sufijo. En cualquier caso, ese –ter no es ni el morfema de los nombres de agente ni el de los comparativos: sólo se puede constatar que, salido de *pater  y  *Mater se ha convertido en  indicio de una clase léxica, la de los nombres de parentesco. Por eso, se ha generalizado en  otros t6nn1nos de esta clase.

Es probable  que los dos nombres de la «madre” *Máter y *anna  respondan a la misma distinción que  *pater  y *atta para “padre”  porque~y «padre” y “madre” bajos sus nombres «Nobles», sostienen representaciones simétricas en la mitología antigua: «cielo-padre” y «tierra-madre» forman pareja en el Rig Veda.

Además, sólo el grupo hitita ha hecho de Anna – (luvita Anni‘) el término para madre, como atta- (luvita /ititai-), para «padre». Por otra parte el sentido de *anna es bastante vago: lat anna, débilmente atestiguado, parece designar la madre nutricia. Y no concuerda con el griego annis dado por una glosa de Hesiquio como “la madre de la madre o del padre” Términos de esta naturaleza no implican referencia precisa en el orden del parentesco.


[1] Emile Benveniste: Vocabulario de las instituciones indoeuropeas, edit. Taurus, 1983, Madrid

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