1. El matriarcado y la ignorancia sexual de los salvajes

EL MATRIARCADO Y LA IGNORANCIA SEXUAL DE LOS SALVAJES[1]

Introducción.

Desde su aparición en 1861 el famoso libro de Bachofen “El matriarcado” ampliamente basado en  estudios de literatura clásica, seguramente aumentó la atención que fue prestada a las imágenes del hombre primitivo allí reveladas, hasta el presente ellas constituyen uno de los temas centrales de interés antropológico. Puede  decirse que la subsiguiente investigación, aunque tuvo que modificar extensamente algunas de sus conclusiones, ha también confirmado ampliamente muchas de ellas, y mostrado que ellas soportan un amplio campo abierto a la investigación,

Por razones que serán indicadas, sin embargo, la temática genera intensas reacciones emotivas, de modo que hay prejuicios en las conclusiones obtenidas  y probablemente también en la observación realizada. Ciertamente hay elementos graciosos en algunas de las imágenes dibujadas respecto de lo que se alega ha sido el estado matriarcal original.  Una descripción muy colorida del mismo puede ser encontrada en el libro de VaertinEl sexo dominante” donde nos encontramos con una inversión extrema en la relación entre los sexos. De acuerdo con la versión allí dada no sólo los chicos pertenecen exclusivamente a la madre, el padre no tiene relación con ellos ni de sangre ni de parentesco pero las propiedades pertenecen solamente a las mujeres y son heredadas solamente a través de ellas,  La mujer es la activa en el galanteo, tiene tantos esposos o amantes como desee y por tanto tiempo como lo desee; se puede divorciar del esposo pero él no de ella.  Él responde a sus pedidos y vive como su huésped; de hecho, él existe sólo para ofrecerle placer sexual a ella, y por el trabajo que puede hacer a su favor, siendo en todos los otros aspectos apenas tolerado. La mujer tiene posición dominante en la sociedad, el consejo y el gobierno. La descripción se lee como el sueño de las feministas una visión de un paraíso del que fue expulsada por el macho disconforme pero al que espera un día volver.

Es necesario escaso conocimiento de la psicología de los sexos para poner en duda la autenticidad del relato antes mencionado y los fríos datos de la antropología sólo atenúan su ardor. Despierta escepticismo la idea de que en tiempos más salvajes los hombres fueran más dóciles que ahora y que el crecimiento de la civilización fue acompañado por un gran incremento en la ferocidad del hombre hacia las mujeres. Por el contrario si se examina las instituciones de los pueblos primitivos existentes y más aún si los somete a un escrutinio muy analítico uno no puede resistirse a la conclusión de que esta gente, en orden a hacer posible la vida social, tiene que mantener mecanismos mucho más elaborados para el control de sus impulsos crueles y sádicos, incluyendo aquellos especialmente dirigidos hacia la tradición femenina; nos referimos por ejemplo al estudio de Reik de la pseudo- maternal couvade, tanto como la experiencia general de los exploradores. Uno podría aquí acotar el siguiente pasaje del libro de Frazer: “Con el objeto de evitar malas interpretaciones que parecen corrientes en este tema, sería bueno informar o recordar al lector que la antigua y ampliamente difundida costumbre de trazar la descendencia y la propiedad hereditaria a través de la madres solamente no significa bajo ningún concepto que el gobierno de la tribu que observa estas costumbres esté en manos de las mujeres; en resumen hay que tener en mente que el matriarcado no significa “ley materna”. Al contrario la práctica del matriarcado prevalece más extensamente entre tribus escasas, con quién la mujer más que ser la que regula al hombre es siempre su sierva y a veces su esclava.  Realmente está tan lejos este sistema de implicar alguna superioridad social de la mujer que probablemente podríamos reconocerlo como su mayor degradación desde un estado de la sociedad en que las relaciones de los sexos estaban tan perdidas y vagas que los niños no podrían establecer la paternidad de ningún hombre en particular. Cuando nosotros pasamos de un estado puramente salvaje a ese más alto plano de la cultura en el cual la acumulación de propiedades y especialmente  la propiedad de la tierra se convirtieron en instrumento poderoso de influencia social y política, naturalmente encontramos que la anterior preferencia por la línea descendiente femenina ha sido retenida, tiende a incrementarse la importancia y dignidad de la mujer y esto es mayor en las familias principescas donde ella mantiene por sí sola la autoridad real y la propiedad privada o al menos trasmite ambas a su consorte o a sus hijos.

Pero este avance social de las mujeres nunca llegó tan lejos como para ubicar a los hombres como una totalidad en una situación de subordinación política a ellas.  Aunque el sistema de reinado en relación a los descendientes y la propiedad se mantuvo concretamente el gobierno real recayó en manos de los hombres. Hubo sin duda excepciones, mujeres que ocasionalmente se alzaron por la fuerza de su carácter y lucharon por el destino de la gente. Pero esas excepciones fueron raras y sus efectos transitorios; ellas no afectaron la veracidad de la regla general que la sociedad humana fue gobernada en el pasado, y si la naturaleza humana se mantiene igual, será gobernada en el presente y el futuro por la fuerza y la inteligencia masculina”.[2]

Hay pocos temas que conllevan más prejuicio emotivo que la comparación de hombre y mujer, particularmente si incluye la cuestión de los respectivos roles jugados en la vida por el padre y la madre. Sin la mirada interior lograda respecto de las complejas características del hombre y la mujer dada por el psicoanálisis, sería poco menos que desesperanzado esperar un realmente serio acercamiento a la imparcialidad y aún con el conocimiento actualmente a nuestro servicio no podemos caminar sino cautelosamente por este delicado sendero.

La segunda dificultad es de una clase de tipo más material. Es la enorme complejidad y las interminables variaciones de los fenómenos en sí mismos. Una breve impresión será dada por las siguientes consideraciones. Los antropólogos están de acuerdo en que lo central y tal vez el único fenómeno esencial de los muchos agrupados con el nombre de matriarcado es la costumbre de reconocer la descendencia sólo a través de lo femenino; descendencia matrilineal.

Este aspecto central está normalmente acompañado por un número de otros aspectos característicos, el más importante de ellos es el mencionado, pero la correlación existente entre los aspectos es tan irregular como para confundir a cualquiera que perciba encontrar alguna gradación u orden. Las complicaciones empiezan con lo que nosotros llamamos el aspecto central, porque el niño no pertenece necesariamente al clan materno aunque su descendencia es reconocida a través de lo femenino; el tótem que haya fecundado a su madre a cuyo clan el debiera pertenecer, puede ser diferente al tótem de su madre y de su clan. La descendencia en sí misma puede ser matrilineal, patrilineal o ambas juntas. La complejidad aumenta a medida que consideramos algunas relaciones entre el reinado materno y otros aspectos que lo acompañan. 

1.- Autoridad. El término matriarcado será limitado a los casos donde es verdad que la madre impone la ley, donde la madre es la cabeza del hogar y dispone de completa autoridad sobre los chicos. Esto es extraordinariamente raro y cuando se presenta es la forma más pura de matriarcado. A menudo el padre es cabeza de familia y ejercita la potestad al igual que hace en la descendencia patrilineal. El caso más frecuente sin embargo aún en forma atenuada siempre hace suponer la existencia de un derecho materno (tanto en el pasado como en el presente) es aquella en que la potestad es ejercida por el hermano de la madre, esta es llamada organización avuncular. Otras variedades son donde la potestad es compartida entre el padre y el tío materno, dependiendo de los temas sobre la cual ella es ejercida, o donde el tío tiene autoridad sobre el hijo y el padre sobre la hija, o bien donde el padre tiene autoridad hasta cierta edad y el tío después de ella.

2.- Herencia y Sucesión. En el derecho materno la línea de sucesión mayormente, pero no siempre, pasa de un  hombre al hijo de su hermana, no al hijo de su mujer; en otras palabras si bien la línea puede ser sostenida o no por una mujer, es frecuentemente trasmitida a través de  la mujer en  vez de a través del hombre. Pero de nuevo no hay regla sobre esto. En Melanesia dónde la descendencia es mayoritariamente matrilineal la sucesión es patrilineal.

Las leyes acerca de la herencia son también extremadamente variables. La propiedad raramente será sólo de la mujer, lo más típico es que sea trasmitida al hijo de su hermana pero hay instancias de matriarcado dónde sin embargo el muchacho hereda de su padre (los malayos).

Hay que tener en mente que no hay nada cerrado entre los aspectos centrales enumerados. En un número importante de casos la potestad es avuncular pero la descendencia, herencia y sucesión son patrilineales.

3.- Residencia. En los casos extremos de matriarcado el esposo sólo visita a su esposa o reside con ella y su gente, en cuyo caso él está sujeto a la cabeza de ese hogar, el hermano de ella o tío. El matrimonio matrilocal está casi siempre acompañado  por la descendencia matrilineal habiendo sólo dos excepciones conocidas a esta regla. La descendencia patrilineal involucra patrimonio matrilocal, pero la inversa no se sostiene hay matrimonio patrilocales con reinado materno.

Explicaciones sobre el matriarcado.

Después de esta introducción consideraremos los mayores problemas relativos al matriarcado, su significación y las causas de su génesis y sustitución. Al hacerlo tropezaremos con una de los más fundamentales problemas de la antropología – aquellos relativos a la evolución del totemismo y la religión, del matrimonio y la familia, así cómo otras instituciones sociales. Para nosotros el concepto de familia dónde el padre juega un rol subordinado y es extensamente reemplazado por el tío resulta extraño y necesita explicaciones. Muchas autoridades encuentran este estado de cosas como perfectamente natural en etapas tempranas de la sociedad de modo de que para ellos es explicar cómo fueron sustituidos. Apuntan a la íntima relación entre madre e hijo y a las varias incertidumbres que conciernen a la relación del padre. Otros autores sostienen que el matriarcado es un estado secundario que sucede por circunstancias totalmente temporarias. Las causas de ello serían factores relacionados con el status de la mujer, tal vez el lugar que han tenido en la agricultura o algunas más oscuras que serán luego discutidas.

La explicación más obvia para la existencia del matriarcado (…) es la duda acerca de la paternidad individual. La explicación cínica (cynically) es que la maternidad es cuestión de hecho y la paternidad de opinión. Una investigación más delicada, sin embargo, nos da otra mirada. No hay correlación entre patriarcado y fidelidad o matriarcado e infidelidad. Hay casos de matriarcado en grupos donde la fidelidad conyugal es muy estricta y otros dónde se perdió la moralidad conyugal aunque prevalezca el patriarcado. Para los Kafirs, dónde se sostiene un estricto patriarcado esto parece representar una ventura que no tiene relación con la autenticidad de quién es realmente el padre o quién era realmente el padre. Más que esto entre muchos grupos patrilineales los hombres parecen mostrar gran indiferencia acerca de la relación de sangre con su hijo legal en tanto tengan uno en función de sus propósitos rituales y económicos y adoptan cualquier chico o bien hijos de su mujer con otro hombre, todo sirve al propósito.

Emparentado con esta hipótesis están los que postulan una especialmente cercana relación entre madre e hijo en casos de poligamia o poliandria. Tampoco puede ser sustanciada por referencia a los hechos reales.

Una más sutil e interesante mirada, sostenida por Mac Lennan en suMatrimonio primitivo” y desarrollado por Hartland en suLeyenda de Perseo”, es que el matriarcado representa una sobrevivencia de una época en que había ignorancia acerca de los hechos de la procreación. Si se pensaba que el padre no era necesario para la procreación, se podía seguir de ello que el status de los hijos era determinado por la madre, que había derecho-materno y la principal presunción de esta hipótesis es que el matriarcado necesariamente precedió al patriarcado a través del mundo. Es verdad que el matriarcado se encuentra en sociedades donde se comprende el rol del padre en la procreación y no sólo eso, hay tribus australianas que mantienen un matriarcado a pesar de suponer que el hijo es creado solamente por el padre y cobijado por la madre. Nunca hay razones sociológicas o psicológicas por lo cual una organización social dada persiste luego de que los agentes que la originaron han cesado de operar, de tal modo que las consideraciones aducidas no niegan en forma obligada la hipótesis en cuestión. Por lo tanto investigaremos como tema preliminar el muy discutido tópico de la ignorancia sexual de los salvajes.

Hartland en 1895 expresa que la ignorancia sexual debe haber jugado una parte importante en el desarrollo de las creencias sociales y las instituciones y esto fue confirmado por los descubrimientos de Spencer y Gillen de que había tribus en Australia, los Aruntas, que ignoraban los factores paternos en la procreación. Los hallazgos fueron disputados por otros trabajos de campo realizados por Strehlow y von Leonhardi y las influencias contravenidas de Westermach, Heape y Carveth Royal. La pregunta no es fácil de responder. Como todas las preguntas en la esfera de la sexualidad, la verdad es particularmente difícil de elucidar y las falacias inesperadamente numerosas.

El único trabajo de campo que parece haber hecho un estudio especial de esas falacias y que exhibe un éxito remarcable en su trato con ellas es Malinowski. Las reseñas que él hace acerca de la vida sexual de los Trobrianders, habitantes de Papua- Melanesia, son las más extendidas y su calidad es tal que inspiran confianza en la corrección de las observaciones. Luego de un estudio cuidadoso de los datos recolectados llega a la conclusión definitiva de que estos aborígenes no tienen conocimiento acerca de la parte que juega el semen en la procreación. Ellos parecen suponer que el embarazo proviene de un espíritu femenino llamado “baloma” que es el espíritu de una persona muerta, que inserta el espíritu del niño en la matriz. Ellos admiten, de todos modos, que para que esto suceda es necesario que la vagina sea antes abierta y eso es usualmente realizado mediante la relación sexual. Aparentemente los Arunta de Australia, tienen una visión similar, que las mujeres son preparadas de este modo para la recepción del “ratapas”. Para hacer esta creencia más comprensible Malinowski apunta que la conexión causal entre el intercurso sexual y el embarazo está lejos de ser obvia para una raza acostumbrada a copulación frecuente desde la temprana adolescencia, el acto sexual deberá tener lugar cientos de veces antes de que ocurra una concepción. No tiene dudas acerca de la corrección de sus observaciones y concluye “mi firme convicción es que la ignorancia acerca de la paternidad es un  aspecto original de la psicología primitiva, y que en todas las especulaciones acerca de los orígenes del matrimonio y la evolución de las costumbres sexuales, debemos tener en mente esta fundamental ignorancia”.

Si aceptamos estas observaciones como correctas, particularmente las cuidadosas investigaciones de Malinowski, como yo creo que estamos destinados a hacer, entonces el tema debe ser establecido. De ningún modo la voz del escepticismo parece aquietada. Numerosas consideraciones indican que aún no termina el tema.

En primer lugar tenemos el hecho indiscutible de que la mayoría de los salvajes a lo largo del mundo, incluidos los matriarcados, están completamente al tanto del papel que juega el hombre en la procreación. Probado no sólo por su establecimiento directo sino por las numerosas prácticas basadas en su conocimiento. Aún los salvajes que aparentemente ignorar lo relativo a lo paternal en la procreación conocen los procesos de fertilidad en animales y plantas. Un aspecto muy curioso observado por Malinowski entre los Trobrianders, cuya discusión quedará para más tarde, apunta en la misma dirección: un Trobriander se horroriza ante la idea de parecerse físicamente a su madre, hermano o hermana, que son pensados en relación sanguínea con él, y se siente insultado ante esa mención, sostiene por el contrario, que es físicamente igual a su padre.

Un psicoanalista no puede dejar de verse afectado por el inequívoco simbolismo que estos salvajes despliegan al poner la mirada en la procreación, simbolismo de una clase tal que indica al menos un conocimiento inconsciente de la verdad.

Allí el agua juega un papel importante en lo concerniente a la concepción. El espíritu-infantil, waiwaias, viene sobre el mar, a menudo en una canasta (como útero simbólico en que llega Moisés), ellos habitualmente penetran el cuerpo de la mujer cuando ella está tomando un baño en el mar, lo que más deben evitar las que no deseen quedar embarazadas es la espuma del mar- un símbolo del semen. En Australia la fertilización debe tener lugar mediante piedra, aves o serpientes, conocidos símbolos fálicos. Los cuhinga naja entre los Arutnas son bloques de piedra conectado con los ancestros a través de quienes llega la semilla del espíritu; en el mundo de los sueños de los Acheringa hay dos ancestros por cada chico, no sólo uno, como debiera ser esperable en la hipótesis de una partenogénesis.

Ideas de causalidad es sabido que son particularmente difíciles de descifrar con los salvajes, porque ellos son curiosamente diferentes que nosotros. No es fácil interpretar, por ejemplo la creencia de que son necesarias dos causas para la concepción, una copulación que genere la apertura y la introducción de un espíritu-infantil mediante el baloma. Los nativos dicen que lo primero permite lo segundo, que es lo esencial en la operación, pero es posible que lo inverso sea el real sentido de la creencia, que es el baloma (espíritu ancestral) lo que permite que la copulación se efectúe. Esta multiplicidad de causas es muy común en relación a la concepción, hay pocos tópicos que tengan más  agentes coadyuvantes asociados con ello, como bañarse en agua bendita para la cura de la esterilidad por el raspado ginecológico. El uso de esos agentes y la fe en ellos pueden coexistir con  cualquier grado de conciencia acerca de los verdaderos agentes de la procreación, sería por lo tanto absurdo sostener que los griegos ignoraban los factores de la procreación simplemente porque sus mujeres efectuaban variados ritos para la fertilidad y esperaban resultados de las ofrendas a los dioses.

Los argumentos antepuestos por Hartland y Malinowski a los efectos de lo difícil que es reconocer la conexión entre los frecuentes actos copulatorios y los escasos casos de copulación no es sólo incompatible con el simple hecho de que finalmente la mayoría de  la gente ha reconocido la conexión, pero fueron agudamente considerados por Carveth Royal en el terreno psicológico. Él escribe: “nosotros debemos recordar que el conocimiento acerca de los animales y la mayoría del conocimiento de los salvajes y aún de la gente civilizada, no presenta una textura proposicional, determinada y relacional sometida a los principios de la lógica formal, al que nosotros limitamos el concepto de conocimiento.” Esto está de acuerdo con lo que nosotros encontramos al analizar la vida mental de los niños donde la parte de la intuición instintiva juega un papel  considerable al establecer el perfil respecto de sus conocimientos de lo sexual. Si un chico de dos años de edad puede tener una imagen del coito genital y más o menos un año después puede relacionarlos con el nacimiento de otro niño, la proeza no estaría más allá de las posibilidades mentales de un salvaje adulto.

 UNA TEORÍA PSICOANALÍTICA DEL MATRIARCADO

 Las consideraciones anteriores generan la pregunta acerca de si la ignorancia de los salvajes es tan completa y genuina como parece. La curiosa combinación de ignorancia donde uno esperaría encontrar saber y semi-saber es un fenómeno familiar en otros campos del pensamiento.

Escritores escépticos respecto a la naturaleza minuciosa de esta ignorancia la han tratado como algo secundario o artificial, y unos pocos aún proponen razones para que ocurra. Frazer, hablando de la creencia de los australianos respecto de la “ratapa” que entra al útero en el momento de la concepción, la refiere como “enfermas fantasías acerca del embarazo de las mujeres”. Heape expresa la siguiente visión: Todas las evidencias que podemos acercar desde un punto de vista comparativo indican que el hombre primitivo no ignoraba los hechos fundamentales, y esa evidencia me parece a mí tan fuerte que la considero irrefutable. Más aún, cuando estos salvajes australianos declaran su ignorancia ellos actúan en varios sentidos como si supieran la verdad acerca de los hechos. Siendo así, sostengo que la causa inicial de esta idea de la concepción totémica se debe a una superstición que encubre el conocimiento instintivo de los hechos; en otras palabras la idea no deriva de la ignorancia sino que es un esquema hecho por la mano del hombre, originado en un período de la historia del hombre que es coincidente con la concepción de un temor supersticioso por los espíritus personales o individuales y que sostienen esta superstición. Así es que interpreto el cuento de la concepción totemista como un impulso debido a las tendencias enfermizas acerca del embarazo femenino, debido al temor, o al deseo o a todo esto junto se ha engendrado una superstición que necesitaba el abandono de los conocimientos instintivos previamente adquiridos, y todo esto los enterró.- a pesar de este entierro las ceremonias de los Intichiuma están diseñadas para cuando hay promesas de gran fertilidad entre los animales, buenas temporadas de cría, y esto demanda un reconocimiento de la verdad, la cría es gobernada por las leyes naturales, los seres humanos son exceptuados de la fuerza de esas leyes naturales como confirmación de la creencia en su superioridad sobre las simples criaturas. Él sugiere que los (puramente conscientes) motivos por los que los nativos mantienen esta creencia se debe o bien a que facilita el adulterio o bien para gratificar el deseo de la madre de beneficiar al niño con los dones de algún espíritu totémico. Estas sugerencias no nos llevan muy lejos.

Caveth Royal da un paso decisivo al sugerir que el conocimiento realmente presente es sólo inconsciente y que ha sido reprimido, habla de “haber sido reprimido por una filosofía animística y expulsado de la conciencia”. Malinoswski, de todos modos, piensa que ese conocimiento no puede haber sido obliterado por una superestructura animística porque en la determinación de la línea sucesoria, los nativos no le dan importancia a la relación sanguínea.

Cuando aparece el tema de si las ideas están presentes de forma reprimida o, lo que es lo mismo, cuáles son las razones para esa represión, seguramente el psicoanálisis tiene la palabra. En este punto, entonces, propongo anticipar una hipótesis en la línea psicoanalítica, que indicaría que hay una cerrada relación colateral entre la ignorancia respecto del rol del padre en la procreación por un lado y el matriarcado por otro.

Mi visión es que ambos fenómenos son producidos por el mismo motivo, en qué relación cronológica ubicamos a cada uno es otra cuestión que será considerada más adelante. El motivo, de acuerdo con esta visión, en ambos casos es modificar la hostilidad hacia el padre que siente el joven. (Sería el adulto joven, el muchacho)

Las consideraciones siguientes intentarán sostener esta hipótesis.

En primer lugar, se sabe que hay dos componentes primordiales en el complejo de Edipo-amor por la madre y hostilidad hacia el padre-la última ha jugado el papel más importante en el liderazgo de la represión del complejo y en el sostenimiento de los variados y complicados mecanismos mediante los cuales esta represión es iniciada y mantenida. La razón de esto es evidente, la peligrosa rivalidad entre dos machos  violentos con todas sus consecuencias. Hay mucha razón para pensar que el conflicto ambivalente entre amor y odio es más agudo entre los hombres salvajes que entre nosotros, por  esto no sorprende que ellos posean instituciones más elaboradas para cumplir la función de resguardarlos de sus impulsos reprimidos, es como si ellos tuvieran más razones para temerlos o menos poder para diversificarlos. Como ejemplos de instituciones de este tipo podemos citar el totemismo y la exogamia, por un lado, y las innumerables ceremonias de iniciación por otro. (Aceptando la mirada de que esta función es esencialmente para esta cuestión no ignoramos por supuesto que también cumplen otras numerosas funciones)

Parece estar de moda entre los antropólogos en lo que concierne a la descendencia que no es necesario que esta se establezca por lazo sanguíneo alguno. Estoy inclinado a pensar que al hacer esto, ellos están forzando una tendencia presente entre los salvajes mismos. Parece un bonito plan que los salvajes traten por todos los medios de mantener separados estos dos temas, aunque hay muchas razones para inferir que ellos fundamentalmente atacan una enorme y a veces exagerada relación de sangre. No sólo la determinación del status social del niño por su nacimiento está mucho más extendida que entre nosotros, sino que la importancia central del nacimiento en cuanto a la mente del salvaje en relación al complejo de Edipo ha sido hecha con mucha probabilidad por el trabajo de Reik sobre los ritos de la pubertad. Él muestra en ellos que el significado real de estos ritos, por medio de complicados símbolos de castración y nacimiento, es que  anulan el nacimiento por la madre y lo sustituyen por un imaginario nacimiento homosexual, la idea evidentemente es que el vínculo con la madre se debe simplemente al hecho de haber nacido de ella, de modo tal que la única manera de neutralizar las tendencias incestuosas que están en la ruta de las relaciones amistosas con otros hombres es para anular la causa supuesta de ello (nacimiento) por un simbólico re-nacer.

Si, de acuerdo con la teoría salvaje, la mitad materna del complejo de Edipo, la fijación con la madre, depende del factor de haber nacido de ella, es razonable que lo mismo, mutatis mutandi, es igualmente cierto para la mitad paterna, el odio al padre. En todos los casos, como veremos, los salvajes parecen actuar con la misma suposición.

Al explicar inconcientemente las tendencias incestuosas como debidas al acto de nacimiento, los salvajes parecen caer en las mismas “fantasías retrospectivas” que nuestros neuróticos, quienes frecuentemente se comportan exactamente como ellos respecto al tema, donde nosotros sabemos que el motivo es escaparle a la culpa por su sexualidad infantil sustituyéndola por pensamientos inocentes acerca del nacimiento.

Sin embargo, si la hipótesis freudiana es sustentada en la herencia de los impulsos que datan de la horda primitiva, los salvajes y los neuróticos podrían probar tener cierta razón de su lado, aunque mediante un camino muy indirecto. Pues en ese caso habría cierta conexión causal entre nacimiento, herencia y el complejo de Edipo.

Sea como sea, es claro que ciertas tendencias cuestionables cuya fuente es imputada al nacimiento pueden ser radicalmente opuesto simplemente negándolo, como se hace por ejemplo en los ritos de la pubertad. Ahora en el análisis de nuestros neuróticos estamos familiarizados con la el deseo fantaseado en el cual esto pasa con respecto al padre. Muchos de ellos sostienen, consciente o inconscientemente, la idea de que su “padre” no tiene nada que ver con su concepción o nacimiento, siendo esto un tema enteramente entre ellos y su madre. Es sabido cuán extraordinariamente está extendido este mito de la Madre Virgen a través del mundo, y es razonable pensar que  tiene la misma significación que nosotros encontramos en el análisis de individuos. La creencia general completa más de una tendencia profundamente establecida, repudio de la parte paterna en el coito y la procreación y consecuentemente ablandar y disminuir la hostilidad hacia él, una consumación deseada tanto por el padre como por el hijo.

Esto es lo que sucedía mientras la institución del matriarcado se combinaba con la denegación de la procreación con un padre. Debemos decir que la couvade está destinada a evitar la hostilidad del padre hacia el hijo, la combinación de matriarcado con ignorancia sexual protege tanto al padre como al hijo de la mutua rivalidad y hostilidad.

Estaría inclinado a conectar esta tendencia a negar la procreación paterna con el curioso e inesperado hallazgo de Malinowski entre los Trobrianders, el tema de que el intercambio sexual entre el hombre y la esposa es visto como altamente indecente si bien son gente muy libre en cuanto a los temas sexuales en general. Esto parece representar una alto grado de la aversión que la gente siente comúnmente respecto de la idea del coito parental, y sirve a la función de mantener distante la posibilidad de un celo edípico.

Pero aún así el padre no se libra fácilmente, hecho que debería ser usado para sostener las sugerencias de Freud respecto de la idea heredada del padre primitivo está aún viva en nuestro inconsciente. El padre desaparece de la escena para reaparecer enmascarado.

La idea de un padre poderoso y hostil es sacrificada a favor de un espíritu ancestral, que en una forma supranatural fecunda a la madre; tanto para los australianos el ratapas como para los Trobrianders waiwaias, provienen de sus ancestros,  y si uno puede analizar a un miembro de una antigua familia inglesa o norteamericana apasionado por la genealogía puede descubrir que los ancestros no son otra cosa que padres algo más remotos. Este padre superior representa el padre poderoso pero en otra escala. La idea corresponde a la creencia profunda de que después de todo el gran padre puede procrear (o permitirlo, dando su aprobación) con el agregado del deseo de la mujer de concebir del padre, como lo hizo la Virgen María.

Cuando ponemos en práctica este modo de tratar al padre parece apuntar a ofrecer mayor intimidad y amistad entre padre e hijo que en la sociedad patrilineal. Entre los Trobrianders, donde el padre no tiene ninguna autoridad sobre sus hijos, en una sociedad matrilineal y con la potestad recayendo sobre el tío, el padre es descripto como un amigo querido y benevolente. Malinowski escribe: Entre los Melanesios la paternidad es una relación social. Ahora, parte de esta relación consiste en sus deberes respecto de los hijos de su mujer, él está ahí para recibirlos en sus brazos, una frase que hemos comprobado, él debe llevar cargados a los hijos cuando la madre está cansada y debe asistirlos como nurse en el hogar. Los atiende en sus necesidades, los higieniza y hay muchas expresiones en el lenguaje nativo referidas a la paternidad y sus duras tareas así como al deber de los hijos hacia ellos.

El hecho es que el padre esta siempre interesado por sus hijos, a veces apasionadamente, y cumple sus obligaciones afanosa y orgullosamente.

Esta solución del complejo paterno, sin embargo, no fue siempre tan fácil, y la ambivalencia obsesiva de los salvajes dio lugar a encontrar un objeto hacia el cual dirigir actitudes menos amistosas de temor, espanto, respeto y hostilidad reprimida que son inseparables de la idea de la Imago del padre. Deberíamos recordar que le costó centurias a la teología cristiana antes de que pudieran pasarse sin un demonio (a quien considero una contraparte genética de Dios) y permitirse un  Dios que cargara con la responsabilidad de ambos, lo bueno y lo vil.

Del mismo modo el salvaje debe poseer una figura que pueda incorporar los aspectos desagradables y lo temibles de la imagen paterna. Casi todas las sociedades matrilineales y en algunas de las que han pasado parcialmente a la forma patrilineal, el tío materno toma este lugar. Es él el que ejerce el poder sobre los chicos, la potestad directa, él es la mayor fuente de autoridad y disciplina, de él heredan ellos las posesiones y adquieren varios atributos, y a veces es el responsable de su comida y cuidado. En la mayoría de los casos él no reside con  los chicos, y a veces ni siquiera en la misma aldea, mientras sus relaciones con la madre son extremadamente formales y rodeadas de tabúes. Malinowski compara el status de los dos hombres del siguiente modo: Del padre los hijos esperan solamente cuidado amoroso y cariñoso compañerismo. El hermano de la madre representa la disciplina, autoridad y poder ejecutivo dentro de la familia. Como es de esperar el afecto no es el aspecto prominente de la relación tío-sobrino, aunque hay mucho compañerismo entre ellos en la etapa adolescente durante la cual los deberes serios de la vida les deben ser inculcados.

Malinowski describe esta etapa: “El padre sufre en esta etapa un eclipse temporario. El joven, que como niño era independiente y formaba parte de los pequeños, república juvenil, gana por un lado la libertad adicional del bukumatula, mientras por otro se transforma en mucho más estrictos sus deberes respecto de su kada, tío materno. Tiene menos tiempo y menos intereses depositado en su padre. Más tarde aun, cuando la fricción entre él y su tío materno hace aparición, él vuelve, por regla general a su padre una vez más y establece con él una vida de amistad”.

Mi sugerencia es que el estado de cosas mencionado es ejemplo del proceso que nos es familiar en la mitología y que estudiamos bajo el nombre de “descomposición” (decomposition) común también en las psiconeurosis. Por esto reconocemos que varios atributos pueden ser sacados de una figura original e incorporados a otra, la que luego personifica esos atributos. En presente caso, como en otros, el proceso cumple la función de desinstalar el afecto de una relación sobre la cual puede tener desagradables consecuencias y depositarlo en otra a salvo por la distancia.

La Constitución Británica ha realizado un arreglo similar, en ella, el padre de la patria, el rey, no puede hacer nada malo y es inmune a toda crítica, teniendo sólo el afecto y respeto de sus súbditos. Esto fue posible, luego de que la gente rehusara tolerar el sistema de la monarquía absoluta, proveyendo de una contraparte, el primer Ministro, contra quien todas las quejas, resentimientos y hostilidades podrían ser dirigidos; el volumen de esta oposición periódica e inevitablemente se acumula hasta que debe abrirse camino para un sucesor. Un ejemplo más sutil fue analizado por Freud en su estudio sobre “el tabú de la virginidad”.

Mostró que la costumbre de que la novia sea desflorada por alguien diferente del marido, era para evitar que el resentimiento que esta operación podía provocar se alejara del futuro compañero para la vida y se depositara en otro lugar.

Los dos hombres que son para él equivalentes para el inconsciente, no es sorprendente entonces que en algunas tribus reciben el mismo nombre. Una historia recolectada por Hartland ilustra bien la complejidad psicológica de la relación. “Cuando un chico muere o se encuentra con una accidental desatención con fatales resultados, los parientes de la madre, encabezados por su hermano, atacan al padre. Él debe defenderse hasta que es herido. El derramamiento de sangre determina el fin del combate pero los atacantes saquean su  casa y se apropian de todo lo que puedan llevar en sus manos, finalmente se sientan a un festín provisto por el afligido padre. El padre es castigado de este modo porque sus deseos hostiles reprimidos se hicieron realidad y el chico resultó dañado”. Ahora esto es en una sociedad patrilineal –de Maoríes- y la acción realizada por el tío materno apunta a un temprano avunculado y sin duda una organización social matrilineal. En esta transición de la organización uno ve cómo las partes jugadas por el padre y el tío respectivamente pueden cambiar al exacto opuesto. La Sra. Seligman me informa que en algunas tribus sudanesas puede observarse un cambio similar en el proceso, donde el padre está siendo detestado y el tío amado.

En esta deconstrucción del padre primordial en un padre indulgente por un lado y un tío severo y moral por el otro, no hay posibilidad de que la última persona haya sido elegida para llenar ese lugar. Voy a representar el orden del desarrollo en forma esquemática. Si empezamos con la trinidad original, padre, madre, hijo, y buscamos a un subrogante sobre quien desplazar el horror sentido hacia el padre, podemos pensar en desplazarlo hacia dos personas que naturalmente aparecen, el padre de la madre y el hermano de la madre. La razón de esto vuelve sobre las propias fijaciones incestuosas de la madre, su padre y su hermano son en un sentido rivales de su hijo, porque ellos están a tanta distancia de él como su propio padre. Entonces no es sorprendente que la leyenda de Edipo pueda ser equiparada con otras similares relacionadas con los otros hombres. Esto fue relatado en Acriseus que sería muerto por el hijo de su hija: a pesar de todos sus esfuerzos – primero aislando a su hija Danae y luego tratando de ahogarla a ella y a su hijo, Perseo, luego de que Zeus había eludido los intentos de su padre por mantenerla a ella virgen- la predicción se cumple; Perseo mata a su abuelo. Historias similares son relatadas de otros héroes además de Perseo, como Ciro, Gilgam y Telefos.

Sabemos por el trabajo psicoanalítico que las fijaciones de las niñas respecto de su padre son comúnmente desplazadas hacia su hermano, del mismo modo que el varón desplaza sus fijaciones respecto de la madre hacia su hermana. La tendencia hacia  el incesto entre hijos y padres es intercambiado hacia un incesto entre hermano y hermana, el cual, aun hoy es menos tabú  que el original y  con cierta frecuencia es llevado al acto.

Como es bien sabido los matrimonios reales entre hermanos eran comunes en el antiguo Egipto y en nuestro tiempo en Hawai, aunque prohibido a los plebeyos. Es así comprensible la rivalidad y los celos sobre la mujer, entre sobrino y tío, pues duplicaría aquella entre hijo y padre, o aquella que reemplace a  la situación psicológica formadora original.

La leyenda clásica que ilustra esta situación es, por supuesto, la saga Tristán, particularmente en las versiones más tempranas. Antes de ganar a Isolda, Tristán lógicamente mata a su tío materno, Morolt, (por supuesto en otro terreno) y, luego de que ella ha desposado a su propio tío materno, Mark, él entra en rivalidad con este último, en las versiones más recientes de la historia, Thomas Hardy devela la máscara de benevolencia que caía sobre Mark y dejó ver la natural enemistad entre los dos hombres. En las antiguas versiones de la leyenda de Lancelot en el ciclo de Arturo hay varias versiones del mismo tema. En el primer caso era Gawain quien amaba a Guinevere, la mujer de Arturo, qué era su tío materno. En los últimos su lugar es tomado por Lancelot (quien también usurpó su posición como el primer héroe del Grial) pero el tema subrayado como productor del disgusto se muestra como la circunstancia de que la madre adoptiva era también hermana de Arturo. Al final el tema original sale a la superficie pues es otro sobrino, Mordred, quien rapta a Guinevere y mata a su tío materno, Arturo. La última etapa en la represión, que es familiar, para nosotros es la forma que el complejo de Edipo toma en Hamlet, también puede ser trazada en la relación entre tío y sobrino, el sobrino vengando el asesinato de su tío, un ejemplo de esto es el relato de Otuel en el ciclo de Carlomagno. La más completa inversión es tal vez la de la leyenda caucásica de Chopa porque él venga a su tío materno, a quien su padre asesinó, atacando a su propio padre.

Retornaremos ahora a los Trobrianders. Allí, como en la mayoría de las sociedades matrilineales, hay un extraordinariamente severo tabú sexual respecto de las relaciones entre hermanos, que empieza a temprana edad. No puede escapar al discernimiento de Malinowski que este tabú debe ser expresión de tendencias incestuosas reprimidas, aunque él aparenta no haber reconocido la conexión entre esto y la presencia de una organización avuncular; que el tío, amante inconciente de la madre, es de este modo el padre imaginario de sus hijos, y lógicamente ostenta la potestad sobre ellos. Él ve, de todos modos, que el tío es la parte invertida o negativa del padre en nuestra civilización y formula la siguiente declaración acerca de todo este tema: “Aplicando a cada sociedad una breve, aunque algo cruda fórmula, hay en nuestra sociedad un deseo reprimido “matar al padre y casarse con la madre” mientras que en la compleja forma matrilineal de Melanesia, el deseo es “casar a la hermana y matar al tío materno”. Una evidencia que él encuentra para sostener esta conclusión es el muy típico conjunto de mitos entre la gente matrilineal- correspondiéndose con el mito europeo de Edipo- en el cual el incesto ocurre entre hermano y hermana y el odio entre el sobrino y el tío materno.

La conclusión de Malinowski es sin duda correcta en el plano puramente descriptivo, pero él avanza en usarla como base de una hipótesis extremadamente dudosa con lo que pretende modificar la teoría de Freud del complejo familiar nuclear. Como es bien sabido, finalmente las relaciones entre padre, madre e hijo son como el prototipo del cual se derivan otras relaciones más complicadas. Malinowski, por lo contrario, antepone la mirada de que el complejo de la familia nuclear varía de acuerdo con la particular estructura familiar existente en cada comunidad. Según él, se establece un sistema matrilineal, por razones económicas y sociales desconocidas, y luego el complejo de represión nuclear consiste en la atracción entre hermano y hermana, y hostilidad entre sobrino y tío; cuando este sistema es reemplazado por el patrilineal, el complejo nuclear aparece como complejo de Edipo.

Si ponemos la atención en los aspectos sociológicos de los datos, esta puede parecer una ingeniosa y tal vez plausible interpretación. Yo supondría que una deficiente atención en aspectos genéticos del problema lo llevaron a una deficiente “perspectiva dimensional” en el sentido de la valoración basada en el íntimo conocimiento del inconsciente, y así la concepción opuesta a la de Malinowski es más cercana a la verdad.

Parece más probable, en mi opinión, que el sistema matrilineal con su avunculado, con el complejo asociado, en la forma arriba descripta, aparezca como un modo de defensa contra las tendencias edípicas primordiales y no que aparezca  por ignoradas razones sociales y que el avunculado sea su consecuencia y que el complejo de Edipo aparezca sólo cuando se introduce el sistema patrilineal. El prohibido e inconsciente amor por la hermana es sólo un sustituto del amor por la madre, como el del tío lo es del padre. En la hipótesis de Malinowski el complejo de Edipo sería un producto tardío, mientras que para el psicoanalista es fuente y origen.

En 1861, año en que aparece el famoso libro de Bachofen “El matriarcado”, otro trabajo famoso fue publicado por Sir Herny Maine, titulado “Ley primordial”. En éste él enunciaba, basado en un amplio estudio de las bases jurídicas de la India, la visión de que el primer estado de la sociedad debió ser el patriarcado. En el tiempo transcurrido desde entonces, argumentos históricos y etnológicos, especialmente los expuestos por Mc Lennan, Lewis Morgan, Lubbock y Hartland, acumularon visiones que sostenían que el sistema social primitivo (con o sin estados de promiscuidad anteriores) era matrilineal, y tal vez la mayoría de los antropólogos actuales sostienen esta posición.

Es de todos modos cierto que el modelo de ley materna esta muy extendido entre los grupos primitivos y hay muchas razones para suponer que lo era más aún hace 5000 años.

Una acalorada controversia tiene lugar acerca de la cuestión sobre si el patriarcado, como nosotros lo conocemos, o el matriarcado, como lo encontramos en algunos grupos primitivos, es anterior al otro.

La mirada acá ofrecida es diferente de ambas. La pregunta en sí no está bien planteada ya que las dos alternativas no agotan las posibilidades.
Sabemos por el trabajo psicoanalítico que hay con frecuencia tres estratos mentales donde pareciera haber sólo dos. Una airosa presunción, es usualmente la reacción compensatoria a un profundamente establecido sentido de inferioridad, pero el análisis muestra que en su giro está basado en un narcisismo reprimido. El primer y el tercer estrato son similares en su contenido, pero ellos no hay motivos para que sean identificados. El presente problema puede ser de la misma naturaleza.

Antes de desarrollar esta idea expondremos brevemente las opiniones expresadas por otros autores. Los que toman como estado primitivo el patriarcal, tienen que explicar cómo el matriarcado llega a aparecer y viceversa. Lo habitual es considerar la forma matriarcal como una fase temporaria y necesariamente evanescente, y la mejor explicación ofrecida para su existencia la hace dependiente del desarrollo de la agricultura donde el trabajo femenino tenía especial valor; sin embargo, la correlación entre agricultura y matriarcado está lejos de dar cuenta de una acabada explicación. El segundo grupo de escritores, entusiastas de una inicial e idílica situación prevaleciente del derecho materno, lo consideran a éste como el estado natural del que la mujer fue arrojada por la fuerza bruta del hombre. Hartland, para quien el patriarcado es una forma totalmente artificial dice: “La conclusión irresistible es que el patriarcado no está relacionado con cambios operados en teorías de relación sanguínea sino con causas sociales y económicas”.

La visión adelantada en este texto está basada en el reconocimiento de la fundamental importancia del complejo de Edipo como complejo nuclear. No acuerda con la idea de la promiscuidad primitiva, ni con una antelación del matriarcado, ni tampoco con el patriarcado como lo conocemos en nuestros días, en su forma monogámica. Tampoco acordamos con Malinowski en la consideración en el abandono o la revisión de la concepción de Freud sobre la horda primitiva, me parece que por el contrario esta concepción ofrece la mejor y más satisfactoria explicación para el complicado tema que estuvimos discutiendo.

De acuerdo con esto, el matriarcado, con su sistema de avunculado, representa un mecanismo de defensa entre los muchos adoptados contra las tendencias denotadas bajo el término complejo de Edipo. No podemos, por supuesto, si representa un estado necesario en la evolución hacia el presente sistema patriarcal; no veo razón por la cual debiera serlo, y el hecho de que algunos grupos australianos, cuyos instintos primitivos son difíciles de frenar, pudieron hacerlo y salir adelante con ello mediante otros métodos alternativos (el sistema de totemismo o tabúes) debe ser considerado a favor de la duda. No hay razón para suponer que el desconocimiento de los salvajes, o en caso la represión, del hecho de la procreación paterna es necesariamente acompañada por el matriarcado, aunque es evidente que éste debe ser un valioso soporte para los motivos antes discutidos y que conducen a la institución matriarcal.

El sistema patriarcal, como lo conocemos ahora, dirigió el reconocimiento de la supremacía del padre y aún la habilidad de aceptarlo con afecto, sin necesitar recurrir al sistema matriarcal o a complicados tabúes. Esto significa la domesticación del hombre, la asimilación gradual del complejo de Edipo. Al fin el hombre pudo enfrentar a su padre real y vivir con él. Bien dijo Freud que el reconocimiento del lugar del padre en la familia significó el más importante  progreso para el desarrollo de la cultura.

Tanto que podemos decir que la forma en que esto fue –en parte- perfeccionado fue el reemplazo del odio por la homosexualidad sublimada, las ideas de asesinato por las de castración. El precio que necesariamente debió ser pagado ha sido la disminución de la potencia sexual del hombre civilizado con todas las complicadas consecuencias de ello[3].


[1] Jones Ernest (1925) Nother-Rigth and the Sexual ignorante of Savages, International jorunrnal of Psycho-Analysis, 6: 109-130
[2] Frazer: Adonis, Attis, Osiris; Vol. II, pp. 208-9
[3] Traducción Estela Ponisio
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