2. Sexualidad femenina temprana

Sexualidad femenina temprana [1]

Esta lectura intenta ser la primera de una serie de intercambios entre Viena y Londres.

Por algunos años parecía que muchos analistas de Londres no veían lo mismo que sus colegas de Viena respecto de una serie de tópicos: entre ellos debo citar los inicios del desarrollo de la sexualidad, especialmente la femenina, la génesis del super-yo y su relación con el complejo de Edipo, las técnicas del análisis infantil y la concepción del instinto de muerte. Uso la frase “muchos analistas” sin intentar enumerarlos, pero es evidente que hay cierto peligro de unificar algunas miradas locales como para hablar de una cierta escuela de Viena y una de Londres como si representaran diferentes tendencias de orden probablemente divergente. Estoy convencido de que no es así. Las diferencias pueden deberse a imperfecciones de los contactos que en el presente caso se deben a factores de índole geográfica y lingüística. Las perturbaciones políticas y económicas de los últimos años no lograron acercar a Viena y Londres. Pocos analistas leen la publicación de Viena y  también pocos analistas vieneses leen el Journal. Y yo no he conseguido aún lograr una traducción para intercambiar entre nosotros en forma fluida. Los alemanes tienen más libre acceso al Journal que el que nosotros tenemos a la publicación alemana. El hecho es que los nuevos trabajos e ideas de Londres no han sido adecuadamente considerados en Viena.

El Dr. Federn pretende remediar esta dificultad mediante el contacto personal directo y la discusión. En mi opinión esta es la mejor manera de proceder. En primer lugar, yo tengo la impresión de que la mayoría de los psicoanalistas aprenden más a través del discurso oral que de la palabra escrita. El hábito de la lectura declinó a lo largo de los últimos 20 años y correspondientemente el hábito de escribir se ha tornado en una  narcisista rareza. En segundo lograr esto impide a los oradores proveerse de los recursos para determinar con quién se identifican en relación con los métodos y puntos de vista de sus investigaciones.

Por lo que el tema que elegí para discutir con Uds. es natural. Ya en el congreso de Innsbruck hace ocho años la visión del desarrollo de la sexualidad femenina no coincidía con lo aceptado generalmente y en el Congreso de Wiesbaden hace tres años aumenté y extendí mis conclusiones al desarrollo de la sexualidad masculina. Mi punto esencial era que había más feminidad en la mujer joven que lo que la generalidad de los analistas admitía, y la fase masculina que las jóvenes atraviesan tiene motivaciones más complejas que las pensadas; esta fase me parece tanto una reacción a su temor a la femineidad como algo primario. Muchas mujeres analistas han sostenido esta visión. Fue Karen Horney quien primero señaló que el desarrollo de la sexualidad femenina había sido observada con ojos masculinos y, aunque no coincido con sus ulteriores conclusiones, considero importante el estimulo que ella dio a la investigación del problema. Desde entonces, las analistas de niños, en especial Melanie Klein, estuvieron en condiciones de observar más de cerca y reportar observaciones directas de inestimable valor.

Ahora revisaré los temas de más interés y anotaré por separado las coincidencias y diferencias. Primero lo primero. Asumir una bisexualidad prenatal me parece muy probable y hay datos biológicos que lo sostienen. Pero es una asunción difícil de probar, entonces considero que no la debemos tomar como absolutamente garantizada y recaer en ella siempre que tenemos dificultades clínicas.

Acordaremos que en los inicios de la vida individual, al menos durante el primer año y probablemente más tarde, la madre juega una parte mucho mayor que el padre en la vida del chico. De esta fase Freud dice: “Todo lo conectado con este primer apego a la madre me ha parecido tan elusivo para su análisis, perdido en un pasado tan profundo y sombrío, tan difícil de resucitar que parece como si hubiera sufrido una particularmente inexorable represión”. Lo que nosotros, evidentemente, necesitamos es un análisis más afinado de esa etapa temprana de apego a la madre y eso, en mi opinión, es lo que el análisis de niños pequeños nos está proveyendo.

Es altamente probable que las diferencias de opinión respecto de los estadios tardíos del desarrollo se deban mayormente a asunciones concernientes al período temprano.

Empezaremos con un punto central, ¿en este primer estadio toda la tensión se centra en un objeto singular, en la madre? Es esto una actitud masculina, como la masturbación clitórica parece indicar? Hablando burdamente, esto es lo que Freud parece indicar.

En este caso la niña en su desarrollo debe cambiar ambos, su actitud sexual y el sexo de su objeto de afecto, y las bien conocidas dificultades que ella experimenta en su desarrollo serían explicadas por la complejidad de estas tareas.

En Londres, por el contrario, y como resultado de la experiencia recogida por Melanie Klein en su análisis de niños, pero también confirmados por nuestras experiencias con adultos, sostenemos una visión diferente sobre esta etapa. Consideramos que la actitud de la niña es desde ya más femenina que masculina, siendo típicamente receptiva y adquisitiva. Ella está más preocupada por el interior de su cuerpo que por el exterior. Ella considera a su madre distinto de cómo lo hace un hombre, como una criatura cuyo deseo de recibir es un placer por llenar. Ella la considera como una persona que ha sido exitosa en llenarla justo con las cosas que una niña necesita, confort material tanto sólido como líquido. Su esfuerzo es obtener esto de su madre, y los obstáculos que se interponen por los retrasos y numerosas imperfecciones de la alimentación, estimulan el componente agresivo de sus deseos. Esta insatisfacción con el pezón y el deseo de un objeto símil-pene más adecuado para mamar surge tempranamente y es repetido en un período posterior en la familiar insatisfacción por el clítoris y envidia del pene.

El primer deseo de algún tipo de pene es este inducido por la frustración oral. En esta etapa de amamantamiento estamos más preocupados e interesados en un objeto parcial que en el amor paterno. El objeto parcial es aún sentido como perteneciente al cuerpo materno. Pero el padre es tomado en cuenta como la fuente de la que ella lo obtuvo (al objeto parcial) mediante el coito oral que Freud demostró es la forma inicial en que los niños conciben el acto; por lo tanto, en la medida en que la niña sostiene también a la inversa esta teoría, una mamalingus tanto como una teoría del coito como fellatio; considera que el padre rivaliza por la obtención de la leche materna. En la segunda mitad del primer año de vida, y más al final del mismo, el padre empieza a tener un lugar de mayor importancia. Verdadero amor femenino por él junto con el deseo de acceder a su órgano sexual, empieza el conflicto con su evidente relación con la madre.

En el segundo año podemos hablar definitivamente de un complejo de Edipo. Difiere de la forma tardía más familiar en ser más profundamente reprimido e inconciente, también la “imago parental combinada” juega un lugar importante.

Las tendencias sádicas acerca de los contenidos del cuerpo materno son recogidas en innumerables fantasías de cortar, quemar y robar ese cuerpo. Sadismo oral rápidamente se extiende al anal y uretral, pareciera que la idea destructiva sobre los excrementos es más pronunciada en la niña que en los varones. Hay dos razones definidas por las que la tarea de las niñas de copiar el sadismo y la desazón que le da acompaña es una tarea más dura que para los varones.

En primer lugar su angustia se relaciona con algo interno al cuerpo y no tiene un órgano externo sobre el que concentrarla como el que tiene el varón. Sólo está el clítoris que es un recurso inferior al respecto, como lo enfatizó inicialmente Karen Horney cuando contrasta la libertad que tiene el varón de ver, tocar y orinar con su órgano externo. Posteriormente la mujer desplaza su angustia a todo el exterior de su cuerpo, incluida su ropa, y obtiene seguridad  por su integridad e insatisfacción general, pero esto tiene menor importancia en la juventud. En segundo lugar, el muchacho tiene otra luz conductora para su sadismo y odio, llamado su rival sexual, el padre. La niña en cambio tiene su rival sexual y su objeto de sadismo en la misma persona, la madre, de quien el infante es completamente dependiente para ambas necesidades, las libidinales y todas las otras necesidades vitales. Destruir ese objeto sería fatal, entonces el sadismo con la correspondiente angustia, es reprimida y vuelta hacia el interior mucho más que con los varones. En una palabra, la chica tiene por dos razones menos oportunidades de exteriorizar su sadismo. Esto explica su apego a la madre y su dependencia de ella a lo que Freud le ha dado especial atención en un texto reciente. Pensamos que estas consideraciones además ofrecen una explicación de lo que llamó la oscuridad e “inexorable represión” tan características de esta etapa del desarrollo.

Lo que estuve relatando sobre la fase temprana, el primer año de vida, es concebido de forma muy diferente en Viena y Londres y tal vez allí se ubique el germen de todas las diferencias respecto del desenvolvimiento de etapas posteriores.

Todos acordamos acerca de la importancia de la etapa oral y de que esta es el prototipo de la femineidad posterior. Helen Deutsch en relación con esto apuntó a la naturaleza de succión de la función vaginal. La cuestión de la sensibilidad vaginal temprana es oscuramente admitida, pero varias mujeres analistas como Pyne y Brierley produjeron, si no concluyente por lo menos significativa, evidencia de su ocurrencia junto con la lactancia materna. Es de todos modos difícil discriminar entre la sensación de la vulva por un lado y la sensación retentiva en general y fantasías relativas al ano, vientre y todo el interior del cuerpo. Uno no podría sostener por más tiempo que la actitud vaginal no se desarrolla hasta la pubertad. Los hechos impresionantes de la anestesia vaginal adulta y la dispareunia, con lo sugestivo de que son lo negativo de, me parece que refutan definitivamente la idea de que la vagina es un órgano indiferenciado o casi no desarrollado. Prueban la catexis erótica de la vagina y el profundo temor a ello. La oscuridad del órgano en la juventud lo atribuyo a tres cuestiones: 1) fantasías concernientes a ella, aquellas relacionados con el deseo de un pene y de un bebé, son las que más entran en conflicto con la rivalidad con la madre y por razones obvias la chica no puede desplegar su hostilidad para con la madre tanto como el varón puede hacerlo con el padre. 2) La vagina es asiento de la más profunda angustia o ansiedad, entonces tiene lugar un extensivo desplazamiento hacia fuera de ambos factores de su erogeniticidad y la angustia que la acompaña. La vagina es sentida, como la boca, como un órgano diabólico y peligroso que debe ser mantenido oculto, escondido. 3) No tiene función física antes de la menstruación y es relativamente inaccesible, hechos que impiden que se use como un recurso real y libidinal del modo en que el pene o inclusive el clítoris pueden usarse.

Ahora vamos a la cuestión clítoris-pene y aquí encontramos la gran diferencia de opiniones. Esto se muestra más claramente considerando la conexión entre la cuestión y la relación con los padres. Para abreviar y exagerando las diferencias se podría decir que para una visión las niñas odian a sus madres porque han decepcionado su deseo de que su clítoris fuese un pene, y de acuerdo con la otra versión la razón por la que las niñas desean que su clítoris sea un pene es porque sienten odio por su madre y no pueden expresarlo. Similarmente de acuerdo con una visión las niñas empiezan a amar a sus padres porque están desilusionadas con su clítoris, en la otra versión ellas desearían cambiar el clítoris por un pene por los obstáculos en el camino de amar a su padre.

Jones concluye este texto afirmando que resumirá sus opiniones en un par de oraciones:

Los hechos más importantes a explicar son el deseo de la jovencita por un pene y su resentimiento para con su madre. La diferencia central entre los dos puntos de vista me parece que gira en torno de la cuestión del inicio del complejo de Edipo, liderado por la insatisfacción oral. No pudiendo manejar la ansiedad que esto genera, ella más o menos temporalmente se escapa mediante la “fase fálica” y más tarde resume su desarrollo normal. Esta visión me resulta más acorde con el desenvolvimiento de los hechos e intrínsecamente más probable que una que supusiera la femineidad como resultado de una experiencia externa (observación de un pene). A mi entender, por el contrario, su femineidad se desarrolla progresivamente desde el germen de una constitución instintiva o instintual. Resumiendo, yo no veo a la mujer – en la forma en que lo hacen las feministas- como un homme manqué, como una persona permanentemente decepcionada intentando consolarse con sustitutos secundarios ajenos a su verdadera naturaleza. La última cuestión es si la mujer nace o se hace.

En forma más general, creo que los vieneses nos reprocharían si estimáramos las fantasías iniciales de la vida demasiado ligadas a la realidad externa. Nosotros les contestaríamos que no hay riesgo de que los analistas descuidemos la realidad externa, si bien es siempre posible para ellos subestimar la doctrina de Freud acerca de la importancia de la realidad física[2].

Notas sobre el artículo del Dr Abraham acerca del complejo de castración en la mujer [3] Ernest Jones

Notas tomadas de un material que pasó por mis manos en el momento de leer el artículo

1)      La niña asocia el deseo por un pene con el deseo de recibir algo (regalo) del padre (primero pene, más tarde niño).

Una desafortunada combinación de circunstancias reforzó un fuerte complejo de castración en una paciente. Había sólo otro niño, un hermano menor de quien ella estaba, a la vez, celosa y envidiosa. Ese hermano tenía un pie deformado por un mal congénito y el padre se sometió a grandes sacrificios para que sanara. Lo llevó regularmente a un cirujano de Londres donde el chico tuvo entre otros tratamientos, once operaciones. El padre masajeaba dos veces al día la pierna del niño durante su permanencia en el hogar descuidando algo a la niña. Finalmente lograron reparar la pierna pero la niña sentía que todo el esfuerzo se hacía para darle al hermano un buen miembro y nada pudo remediar su frustración. Que el pie es un símbolo inconciente del pene ha sido extensamente establecido.

La niña jugaba con muñecas hasta los tres años en que nació un bebé en la casa de su mejor amiga, luego de eso ella se tornó masculina, no tuvo más interés en muñecas o bebés y se rehusó absolutamente a relacionarse con niños aún estando felizmente casada.

2)      Depreciación del órgano masculino como defensa contra la envidia.

Una mujer soñó que cierto hombre tenía un segundo rostro muerto en el costado de su cabeza y pensó “pobre tipo, por qué no habrá hecho algo para disminuir su deformidad?  La asociación era a un inútil ojo desviado de un novio. En su juventud él había exhibido con orgullo su pene ante ella, y ella había respondido con el pensamiento de que “él está exagerando por nada”.

3)      El temor a la castración conecta con deflorar una virgen.

Como Freud lo apunta en “Tabú y virginidad”, la costumbre primitiva de elegir a alguien diferente al esposo para realizar el primer coito se debe al temor de que la mujer albergue resentimientos hacia la persona que la deflora, con el consecuente deseo de castigar  quien lo realiza, castrándolo. Abraham ilustra esta reacción desde casos de neuróticas. En el libro Viaje y travesía de Sir john Maundeville, que data del siglo 14, el autor describe una isla en el lejano este donde se tiene esta costumbre. La idea es la de la ley del Talión que si el hombre deflora a una mujer con su arma podría sufrir del mismo modo a mano de la serpiente que ella tiene en su cuerpo [4].

 


[1] Jones, Ernest. De Early female sexualy en The internationale Journal of psycho-analysis XVI, 1935 (p. 263 a 273)
[2] Traducción: Estela Ponisio
[3] Jones, E. en The International Journal of Psycho-Analysus Vol III. 1922 (p.327 a 328)
[4] Traducción Estela Ponisio
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s