Martin Heidegger

Lacan, sirviéndose del término intramundano, analiza el cuestionamiento del sujeto sobre su propia existencia y el modo en el que luego lo extiende a su relación con los objetos.

Recortamos algunos fragmentos [1] de la obra de Heidegger en los cuales aborda este término, que Lacan emplea en el Apartado III, sección 3. (página 146 )
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El concepto de facticidad implica: el estar-en-el-mundo de un ente “intramundano”, en forma tal que este ente se pueda comprender como ligado en su “destino” al ser del ente que comparece para él dentro de su propio mundo.

Nos limitaremos, por ahora, a hacer ver la diferencia ontológica entre el Estar-en como existencial y el “estar-dentro-de” de un ente que está-ahí, en tanto que categoría. Cuando delimitamos así el estar-en, con ello no le estamos negando al Dasein toda suerte de “espacialidad”. Por el contrario: el Dasein tiene, él mismo, su propia manera de “estar-en-el-espacio”, la cual, sin embargo, sólo es posible, por su parte, sobre la base del estar-en-el-mundo en cuanto tal. El estar-en tampoco puede, por consiguiente, ser ontológicamente aclarado mediante una caracterización óntica, de modo que se pudiera decir, por ejemplo: el estar-en un mundo es una propiedad espiritual, y la “espacialidad” del hombre es un modo de ser derivado de su corporalidad [Leiblichkeit], la que a su vez está siempre “fundada” en la corporeidad física [Körperlichkeit].
como esta estructura de ser, aunque ónticamente experimentada como “relación” entre un ente (mundo) y otro ente (alma), permanece inaccesible desde un punto de vista ontológico, y como el ser es comprendido ontológicamente en primer lugar a partir del ente intramundano, se intenta concebir la relación entre aquellos entes sobre la base de estos entes mismos y en el sentido de su ser, e.d. como un estar-ahí. El estar –en el mundo —aunque prefenomenológicamente experimentado y conocido— se hace invisible como consecuencia de una interpretación antológicamente inadecuada. Ahora se conoce la constitución del Dasein —y además como algo obvio— tan sólo en la forma que ella cobra en la interpretación inadecuada.
… Ni la descripción óntica del ente intramundano ni la interpretación ontológica del ser de este ente aciertan, como tales, en el fenómeno del “mundo”. Ambos modos de acceso al “ser objetivo” “suponen” ya el “mundo”, y esto, de diversas maneras.
¿Entonces no puede hablarse en absoluto del “mundo” como de una determinación del ente intramundano? Sin embargo, a este ente lo llamamos justamente “intramundano”. ¿Es el “mundo”, en definitiva, un carácter de ser del Dasein? Entonces ¿no tendrá “por lo pronto” cada Dasein su propio mundo? ¿No se convierte así el “mundo” en algo “subjetivo”? ¿Cómo podría, en ese caso, ser todavía posible un mundo “común”, “en” el que sin duda estamos? Y cuando se plantea la pregunta por el “mundo”, ¿a qué mundo nos referimos? Ni a éste ni a aquél, sino a la mundaneidad del mundo en general. ¿Cuál es el camino para dar con este fenómeno? “Mundaneidad” es un concepto ontológico que se refiere a la estructura de un momento constitutivo del estar-en-el-mundo.

… La derivación “mundano” apunta entonces terminológicamente a un modo de ser del Dasein, y nunca al de un ente que está-ahí “en” el mundo. A éste lo llamaremos ente del mundo [Weltzugehörig = perteneciente al mundo] o intramundano.

…El mundo no es en sí mismo un ente intramundano, y, sin embargo, determina de tal manera al ente intramundano que éste sólo puede comparecer y el ente descubierto sólo puede mostrarse en su ser en la medida en que “hay” mundo.

… Dejar que el ente intramundano comparezca, lo que es constitutivo del estar en-el -mundo, es un “abrir espacio” [“Raumgeben”]. Este “abrir espacio”, que también llamamos ordenación espaciante [Einräumen] es dejar en libertad lo a la mano mirando a su espacialidad. Esta ordenación espaciante, en cuanto previa donación descubridora de una posible totalidad de lugares propios respeccionalmente determinada, posibilita la correspondiente orientación fáctica.
… Este ente ni está-ahí ni es un ente a la mano, sino que es tal como el mismo Dasein que lo deja en libertad-también existe y existe con él. Si se quisiese, pues, identificar el mundo en general con el ente intramundano, habría que decir: el “mundo” es también Dasein.
Pero, la caracterización del comparecer de los otros —se dirá— vuelve a tomar como punto de referencia al Dasein cada vez propio. ¿No empieza también ella destacando y aislando al “yo” de tal manera que luego será necesario buscar una vía para pasar desde este sujeto aislado hacia los otros? Para evitar este malentendido será necesario considerar en qué sentido se habla aquí de “los otros”. “Los otros” no quiere decir todos los demás fuera de mí, y en contraste con el yo; los otros son, más bien, aquellos de quienes uno mismo generalmente no se distingue, entre los cuales también se está. Este existir también con ellos no tiene el carácter ontológico de un “con”-estar-ahí dentro de un mundo. El “con” tiene el modo de ser del Dasein; él “también” se refiere a la igualdad del ser, como un estar-en-el-mundo ocupándose circunspectivamente de él. “Con” y “también” deben ser entendidos existencial y no categorialmente. En virtud de este estar-en-el-mundo determinado por el “con” (*), el mundo es desde siempre el que yo comparto con los otros.
El mundo del Dasein es un mundo en común [Mitwelt]. El estar-en es un coestar con los otros. El ser-en-sí intramundano de éstos es la coexistencia [Mitdasein].


Estas investigaciones, que son previas a todo posible cuestionamiento ontológico de la realidad, han sido desarrolladas en la precedente analítica existencial. En ella se hizo ver que el conocimiento es un modo fundado de acceder a lo real. Lo real, por su misma esencia, sólo es accesible como ente intramundano. Todo acceso a un ente tal se funda ontológicamente en la constitución fundamental del Dasein, en el estar-en-el-mundo. El estar-en-el-mundo tiene la constitución de ser aún más originaria del cuidado (anticiparse a sí-estando ya en un mundo-en medio del ente intramundano).
La pregunta si hay siquiera un mundo y si acaso su ser pueda demostrarse, es, en cuanto pregunta que plantea el Dasein como estar-en-el-mundo — ¿y quién otro podría plantearla?— una pregunta sin sentido. Además, está afectada de ambigüedad.
El mundo en cuanto el dónde del estar-en y el “mundo” en cuanto ente intramundano, en cuanto “en qué” del absorberse de la ocupación, quedan confundidos o no han sido aún distinguidos.

… Si el término realidad nombra el ser del ente intramundano que está-ahí (res) — y no es otra cosa lo que se entiende por realidad—, esto significa, para el análisis de este modo de ser, que el ente intramundano sólo puede ser concebido antológicamente si se ha aclarado el fenómeno de la intramundaneidad. Ahora bien, la intramundaneidad se funda en el fenómeno del mundo, el cual, a su vez, como momento esencial de la estructura del estar-en-el-mundo, pertenece a la constitución fundamental del Dasein. El estar-en-el-mundo, por su parte, está antológicamente articulado en la totalidad estructural del ser del Dasein, caracterizada ya como cuidado. Pero de este modo quedan especificados los fundamentos y horizontes que es necesario aclarar previamente para hacer posible el análisis de la realidad.
Sólo dentro de este contexto se hace ontológicamente comprensible el carácter del en-sí.

… “Realidad” es un término ontológico que se refiere al ente intramundano. Si se lo usa como designación de este modo de ser en general, entonces el estar a la  mano y el estar-ahí serían modos de la realidad. Pero si se conserva esta palabra en su significación tradicional, entonces ella mienta el ser en el sentido del puro estar-ahí de las cosas. Pero no todo estar-ahí es un estar-ahí de las cosas. La “naturaleza” que nos “rodea” es sin lugar a dudas un ente intramundano, pero no tiene el modo de ser ni de lo a la mano ni de lo que está-ahí a la manera de una “cosa natural”.
Como quiera que se interprete este ser de la “naturaleza”, todos los modos de ser del ente intramundano están ontológicamente fundados en la mundaneidad del mundo y, por ende, en el fenómeno del estar-en-el-mundo. A partir de aquí surge la evidencia de que la realidad no tiene una primacía entre los modos de ser del ente intramundano, y que menos aun podría caracterizar ontológicamente en forma adecuada al mundo y al Dasein.[2]


[1] Los fragmentos que recortamos han sido extraídos de “Ser y tiempo” (1927) ediciones electrónicas de http://www.philosophia.cl/ Escuela de filosofía Universidad ARCIS [Traducción, prólogo y notas de Jorge Eduardo Rivera]. El texto ha sido traducido del tomo II de la Gesantausgabe.
[2] Heidegger, Ser y tiempo ediciones electrónicas de http://www.philosophia.cl/ Escuela de filosofía Universidad ARCIS [Traducción, prólogo y notas de Jorge Eduardo Rivera]

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