Melanie Klein

La referencia que transcribimos se encuentra en la página 167.
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Y corresponde a algunos fragmentos de la obra de Melanie Klein:

“Estadios tempranos del conflicto edípico” (1928)[1]

En mis análisis de niños, especialmente entre tres y seis años, he obtenido una serie de conclusiones que resumiré a continuación.

Frecuentemente me he referido a que el conflicto de Edipo comienza a actuar más temprano que lo que generalmente se supone. En mi trabajo “Los principios psicológicos del análisis infantil”, expongo este tema con más detalles. Allí llegué a la conclusión de que las tendencias edípicas son liberadas a consecuencia de la frustración que el niño experimenta con el destete, y que hacen su aparición al final del primer año de vida y principios del segundo; son reforzados por las frustraciones anales sufridas durante el aprendizaje de hábitos higiénicos. La siguiente influencia determinante en los procesos mentales es la diferencia anatómica entre los sexos.

El niño, al sentirse impelido a abandonar la posición oral y anal por la genital, pasa a los fines de penetración asociados con la posesión del pene. Así cambia, no sólo su posición libidinal, sino también su fin, y esto le permite retener su primitivo objeto de amor. En la niña, por otro lado, su fin receptivo es trasladado de la posición oral a la genital; así, cambia su posición libidinal, pero retiene su fin, que ya la había conducido a un desengaño en relación con la madre. En esta forma, se origina en la niña la receptividad para el pene y se dirige entonces al padre como objeto de amor.

Pero el comienzo mismo de los deseos edípicos se conecta ya con incipiente miedo a la castración y sentimientos de culpa.

… Ferenczi supone que, conectado con los impulsos uretrales y anales, hay una especie de “precursor fisiológico del superyó” que él llama “moral esfinteriana”. Según Abraham, la angustia hace su aparición en el estadio canibalístico, mientras que el sentimiento de culpa surge en la subsiguiente primera fase anal sádica.

  Mis descubrimientos van más allá. Muestran que el sentimiento de culpa asociado con las fijaciones pregenitales es ya efecto directo del conflicto edípico. Y esto parece explicar satisfactoriamente la génesis de tales sentimientos, pues sabernos que el sentimiento de culpa es en realidad un resultado de la introyección (ya realizada, o agregaría, realizándose) de los objetos de amor edípicos, es decir, el sentimiento de culpa es el producto de la formación del superyó.

… al principio las tendencias edípicas se expresan principalmente bajo la forma de impulsos orales y anales, qué fijaciones predominarán en el desarrollo de la situación edípica estará sobre todo determinado por el grado de represión que tiene lugar en estos estadios tempranos.

… El temprano sentimiento de no saber, tiene múltiples conexiones: se une al sentimiento de ser incapaz, impotente, el que pronto resulta de la situación edípica. El niño también siente esta frustración en forma más aguda porque no sabe nada definido sobre procesos sexuales. En ambos sexos el complejo de castración es acentuado por este sentimiento de ignorancia.

…En el temprano estadio sádico-anal el niño pasa su segundo trauma grave, que refuerza su tendencia a alejarse de la madre. Ella ha frustrado sus deseos orales y ahora interfiere también en sus placeres anales. Parecería que en este momento las frustraciones anales hacen que las tendencias anales se unan a las tendencias sádicas. El niño desea tomar posesión de las heces de la madre, penetrando en su cuerpo, cortándolo en pedazos, devorándolo y destruyéndolo. Bajo la influencia de sus impulsos genitales el niño comienza a dirigirse a su madre como un objeto de amor. Pero sus impulsos sádicos están en plena actividad, y el odio, originado en las más tempranas frustraciones, se opone fuertemente a su amor objetal del nivel genital. Un obstáculo aun mayor a su amor es el temor de ser castrado por el padre, el que surge con los impulsos edípicos (…) Cuanto más cruel es el superyó, más terrorífico aparecerá el padre castrador, y el niño, en su huida de los impulsos genitales, se aferrará tenazmente a los niveles sádicos, niveles que en última instancia también colorean sus tendencias edificas.

  En estos estadios tempranos, todas las posiciones del desarrollo edípico son catectizadas en rápida sucesión

… Estoy completamente de acuerdo con Helen Deutsch, quien sostiene que el desarrollo genital de la mujer se completa con el afortunado desplazamiento de la libido oral a la genital. Sólo que mis conclusiones me llevaron a creer que este desplazamiento comienza con las primeras manifestaciones de los impulsos genitales y que el fin oral, receptivo, de los genitales, ejerce una influencia determinante para que la niña se vuelva hacia el padre. Además he llegado a la conclusión de que en cuanto los impulsos edípicos hacen su aparición no sólo surge un reconocimiento inconsciente de la vagina, sino también sensaciones en ese órgano y en el resto del aparato genital. En las niñas, sin embargo, la masturbación no proporciona una descarga tan adecuada para esos montos de excitación como proporciona en los niños. De ahí que la acumulada falta de gratificaciones proporciona otro motivo para que existan más complicaciones y disturbios en el desarrollo sexual femenino.

… Freud ha establecido que el descubrimiento de la falta de pene motiva el alejamiento de la madre y el acercamiento al padre. Mis observaciones muestran, sin embargo, que este descubrimiento sólo actúa como un reforzamiento en este sentido: se hace en un estadio muy temprano del conflicto edípico, y la envidia del pene sigue al deseo de tener un niño, que reemplaza nuevamente la envidia del pene en el desarrollo posterior. Yo veo la privación del pecho como la más fundamental causa del acercamiento al padre.

  La identificación con el padre está menos cargada de ansiedad que la identificación con la madre; además el sentimiento de culpa hacia ella impulsa a sobrecompensarla con una nueva relación amorosa con ella. En contra de esta nueva relación amorosa con ella actúa el complejo de castración que dificulta una actitud masculina, y también el odio hacia ella que proviene de situaciones más tempranas. El odio y la rivalidad con la madre, sin embargo, la llevan nuevamente a abandonar la identificación con el padre y acercarse a él como objeto para amar y ser amada.

  … debo hablar de la importancia para el desarrollo sexual de ciertas tempranas experiencias en la infancia. En el trabajo que leí en el Congreso de Salzburgo en 1924, mencioné que cuando se observa el coito en un estadio posterior del desarrollo estas experiencias asumen el carácter de un trauma, pero si ocurren en edades más tempranas se fijan y forman parte del desarrollo sexual.

 Resumiendo mis conclusiones: ante todo deseo recalcar que, según mi opinión, no contradicen las observaciones del profesor Freud. Pienso que el punto esencial de las consideraciones adicionales que he hecho está en que sitúo esos procesos en épocas más tempranas, y en que las diferentes fases (especialmente en los estadios iniciales) se fusionan más libremente la una con la otra de lo que hasta ahora se suponía.

  Los estadios tempranos del conflicto edípico están tan dominados por las fases pregenitales del desarrollo que la fase genital, cuando comienza a ser activa, está al principio muy oculta, y sólo más tarde, entre los tres y cinco años, se torna más claramente reconocible. A esa edad el complejo de Edipo y la formación del superyó alcanzan su punto culminante. Pero el hecho de que las tendencias edípicas comiencen tanto más temprano de lo que suponíamos, la presión del sentimiento de culpa que por lo tanto recae en los niveles pregenitales, la influencia determinante así ejercida tan tempranamente en el desarrollo edípico por una parte, en la formación del superyó, por la otra y en consecuencia sobre la formación del carácter, sexualidad y todo el resto del desarrollo del sujeto, son hechos que me parecen de una importancia muy grande y hasta ahora no reconocida. Comprobé el valor terapéutico de estos conocimientos en los análisis de niños, pero no se limita a éstos. He podido comprobar estas conclusiones en el análisis de adultos y he encontrado que no sólo se confirmó su actitud teórica, sino que también se estableció su importancia terapéutica.


[1] Klein, M. Obras Completas, Bibliotecas de Psicoanálisis.www.psicoanalisis.orgklein@psicoanalisis.org

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