Angelus Silesius

El Peregrino querubínico[1] de Angelus Silesius[2]

Recordemos que en varias ocasiones Lacan hace mención a “El Peregrino querubínico, de Silesius. En primer lugar, en el Seminario “Los escritos técnicos de Freud”. Allí, refiriéndose al progreso de un análisis aclara que no consiste en la ampliación del campo del ego, que no es la reconquista por el ego de su franja desconocida: es un verdadero vuelco, un desplazamiento, un paso de minué ejecutado entre el ego y el id.

Para ejemplificar lo que se trata en un final de análisis (un crepúsculo, un ocaso imaginario del mundo, incluso una experiencia que limita con la despersonalización), tomará el trigésimo dístico del segundo libro del Peregrino querubínico:

Zufall und Wesen
Mensch werde wesentlich. denn wann die Welt vergebt
So fält der Zufall weg, dass Wesen dass bestebt.

Contingencia y esencia
Hombre, deviene esencial: pues cuando el mundo pasa,
la contingencia se pierde y lo esencial subsiste.

Luego, en el Seminario 13 Lacan dirá que hay que captar en ese ego, que Descartes acentuó con la superficie de su función en algunos de sus textos en latín, el punto donde ese ego debe encontrarse, en que sigue siendo lo que pretende ser: dependiente del Dios de la religión. Curiosa caída del ego… el ego es solidario de ese Dios.

La comunidad entre el ego y Dios, aquí enmascarada, es la misma que profiere de manera desgarradora el contemporáneo de Descartes, Angelus Silesius, en sus abjuraciones místicas, y que les impone la forma del dístico.

Además, recuerda que sacó provecho del peregrino querubínico, tomando las jaculatorias en el rastro mismo de la introducción al narcisismo que perseguía entonces según mi modo, el año de mi comentario sobre el Presidente Schreber. Es que puede cojearse en esa juntura, es el paso de la belleza (la belleza cojea), pero hay que cojear justo.

Y en primer lugar, decirse que los dos lados no se sobreimponen. Por eso me permitiré abandonarlo un momento, para volver a partir de una audacia que fue la mía, y que no repetiré sino recortándola. Pues sería repetirla dos veces, bien repetida podría llamársela en el sentido justo en que este término no quiere decir la simple repetición.

Más tarde, en la reunión del 22 de enero de 1969, afirma haber recomendado la lectura de Angelus Silesius, contemporáneo de Pascal, para comprender la relación de los místicos al goce: Traten de explicar lo que quieren decir sus versos, sus dísticos. “El peregrino querubínico”- dice- Lo que a él se refiere, ciertamente, no concierne directamente a la vía que es la nuestra. Pero si ven el lugar que allí tiene el Yo (Je), el Ich, verán que él se refiere a la cuestión que es aquí nuestra verdadera mira y que yo repito en este término de hoy: ¿es que yo existo?

Por último, en el escrito, “La ciencia y la verdad”, reformula lo expresado en el Seminario “Los escritos técnicos”.

Los versos a los que se refiere Fenichel son los siguientes:

Ich bin wie Gott/und Gott wie ich
Ich bin so grob als Gott/ Er ist als ich so Klein
:
Er Kann nicht über mich/ ich unter Ihm nicht sein.

Gott lebt nich ohne mich
Ich weib dab ohne mich Gott nicht ein Nun Kann leben
Werd´ich zunicht Er muss von Noth den Geist

 Soy como Dios y Dios como yo
Tan grande soy como Dios y como Él tan pequeño
Sobre mí Él no está ni yo debajo de Él

Sin mí no vive Dios
Yo bien sé que Dios sin mí vivir no puede
Y si soy destruido Él tiene que morir.[3]

 


[1] Los versos a los que se refiere O. Fenichel en su artículo “La ecuación simbólica, niña= falo” pertenecen a “El peregrino querubínico”.
[2] El verdadero nombre de este autor era Johann Scheffler, pero fue conocido por su “Seudónimo”, el cual fue elegido en honor de su región de nacimiento y con él firmaría todos sus poemas. Fue un poeta religioso germano-polaco nacido en “Breslau”, en la antigua región “Alemania” de “Silesia” (ahora parte de “Polonia”).La más importante y conocida de sus obras lleva el título de Rimas espirituales: gnómicas y epigramáticas que conducen a la divina contemplación (Geistreiche Sinn-und Schluss-reime, 1657) que después fue llamada El Peregrino Querubínico o Querúbico (Cherubinischer Wandersmann), considerada la obra más importante del misticismo europeo de la época. Se trata básicamente de una colección de aforismos rimados.
[3] Silesius, Angelus, “El peregrino querubínico”, en: Referencias en la Obra de Lacan Nº 28, Buenos Aires, Fundación Casa del Campo Freudiano, 2000.
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