Otto Fenichel

La ecuación simbólica: muchacha=falo es tomada por Lacan de un artículo de Fenichel. Éste fue traducido originalmente al inglés de la “International Ztschr. f. Psa.” XXII Nº 3 (1936), relevado oportunamente del libro “Selected papers of O. Fenichel”, que se hallaba en preparación. Fue traducido por Henry Alden Bunker, M. D., editado por W.W. Norton, Inc., y publicado con el permiso de los editores en “The psychoanalitic quarterly” vol. XVIII (1949).

A continuación se transcriben fragmentos de las dos traducciones de las que disponemos, para que el lector pueda proceder a cotejarlas. Corresponden a la referencia de la página 242 .
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En el artículo “El análisis de un travesti”, establecí el hecho de que en la raíz de esta perversión se encontraba la fantasía inconsciente del paciente de ser una muchacha con falo. Esquemáticamente, si el homosexual se ha identificado a su madre, y el fetichista no ha renunciado a la creencia en que la mujer posee un pene, ambas formulaciones son válidas para el travesti masculino: se identifica con una mujer en cuya posesión de un pene desea además creer.

(…) si el homosexual se ha identificado a su madre, y el fetichista no ha renunciado a la creencia en que la mujer posee un pene, ambas formulaciones son válidas para el travesti masculino: se identifica con una mujer en cuya posesión de un pene desea además creer.

(..) En un sentido general, pude demostrar la probabilidad de que esto sea el significado del acto travesti. Es un compromiso entre los deseos femeninos y el temor de castración que se le opone (…) La situación puede ser análoga a la del “Hombre de los lobos”, en la que a un deseo femenino relativamente primario se le opone la comprensión de que “la gratificación de este deseo le costaría el pene”…

La intensidad de la ansiedad de castración se corresponde con el narcisismo peneano original l debido al cual sólo podía satisfacer su posterior anhelo narcisista de ser admirado como una muchacha equiparándola con un pene, y fantaseándola directamente como un pene. Las ecuaciones “Soy una muchacha” y “todo mi cuerpo es un pene” se condensan aquí en una idea: “Yo= todo mi cuerpo= una muchacha = la pequeña / el pequeño= el pene”.

Vemos aquí por primera vez que la ecuación simbólica regularmente válida “pene= niño” (el pequeño) puede asumir también la forma especial “pene= niña / muchacha” (…)

Una vez  que nos hemos percatado de la fantasía de la muchacha-falo, encontramos en la literatura sus más variadas representaciones. Steff Bornstein atrajo mi atencional hecho de que valdría la pena investigar con referencia a esto, por ejemplo, la creación de Bettina Von Armin y su relación con Goethe. La fantasía de ser entregado de modo femenino a una persona grande y poderosa y, al mismo tiempo, estar unido a él, junto con la idea de que, por otro lado, se es la parte más importante sin la cual el poderoso sería impotente –eso también debe encontrase sin duda caracterizando a un tipo particular de devoto religioso-. Pensemos por ejemplo en los versos de Rilke:

Qué harás, oh Dios, cuando yo muera?
Yo soy tu jarro (y si me quiebro?)
Soy tu bebida (y si me pudro?)
Soy tu ropaje y tu tarea;
conmigo pierdes tu sentido [1]

 O los versos de Ángelus Silesius:
I am as great as God: he is I as small;
He over me or I under Him can never be at all.
Y: I know that without me God cannot libe a moment;
Were I to perish, He could but give up the ghost.

 (…) en los casos en que las fantasías de introyección y de fagocitación juegan un papel especial en relación al pene, o en otras palabra, dondequiera que la ecuación simbólica cuerpo=pene tenga vigencia, esta relación al pene deriva de antecedentes pregenitales. Asimismo, la muchacha =falo es, hablando en términos generales, no sólo un pene sino también un niño, heces (contenido del cuerpo de la madre) y leche. Es lo introyectado, que se proyecta nuevamente. El pene es así solamente el miembro final de la sucesión de las introyecciones[2].

De la traducción de Eldar Shula recortamos: [3]

(…) en mi artículo: “El análisis de un travestido” (“The analysis of a travestite”), establecí el hecho que en la base de la perversión se encuentra la fantasía inconsciente de ser una niña con falo.

Si, dicho esquemáticamente, el homosexual se identificó con su madre y si el fetichista no renunció a la creencia que las mujeres poseen un pene, en el caso del hombre travestido ambas formulaciones son válidas: se identifica con una mujer y desea creer, además, que ésta posee un pene.

(…) el homosexual se identificó con su madre y si el fetichista no renunció a la creencia que las mujeres poseen un pene, en el caso del hombre travestido ambas formulaciones son validas: se identifica con una mujer y desea creer, además, que ésta posee un pene.

(…) pude demostrar la probabilidad que éste fuera, en un sentido amplio, el significado del acto del travestido.

Se trata de un compromiso entre los deseos femeninos y un temor a la castración opuesto a ellos. O bien, dado que el temor a la castración es el resultado de una elevada valoración narcisista del propio pene, de un compromiso entre el deseo femenino y el orgullo narcisista del propio pene.

(…)

En esta situación hay un cierto paralelismo con el hombre de los lobos, en el paciente de Freud, era un anhelo femenino relativamente primario se oponía la constatación de que “la gratificación de su deseo le costaría su pene”

La intensidad de la angustia de castración corresponde al narcisismo peneano original. Por esta razón (el paciente del que está hablando) podía consentir a sus ulteriores anhelos narcisistas de ser admirado como niña solamente si equiparaba a esa niña con un pene y fantaseaba, directamente, con un pene. La ecuación: “Soy una niña”, “todo mi cuerpo es un pene” se condensan en la idea: “Yo= todo mi cuerpo= una niña= el pequeño= pene”.

Aquí vemos por primera vez que la frecuentemente válida ecuación: “pene=niño” (el pequeño), encontrada en la clínica,  puede tomar esta forma especial: “Pene=niña”

(…)

Una vez que uno se ha dado cuenta de la fantasía de la niña=falo, es posible encontrar en la literatura variadas representaciones de ella. Steff Bornstein llamó mi atención sobre el hecho que valdría la pena investigar la producción creativa de Bettina von Armin y su relación con Goethe. La fantasía de ser entregada femeninamente a una persona grande y poderosa, de estar indisolublemente unida a él, hasta llegar a ser como una parte suya, conjuntamente a la idea de que se es la parte más importante sin la cual, el poderoso sería impotente, se puede encontrar como característica de algunos tipos de devoción religiosa. Se puede pensar en las siguiente palabras de Rilke:

   Qué harás, oh Dios, cuando yo muera?
Yo soy tu jarro (y si me quiebro?)
Soy tu bebida (y si me pudro?)
Soy tu ropaje y tu tarea;
conmigo pierdes tu sentido[4]

o en las palabras de Ángelus Silesius[5]:
(…)

      Tan grande soy como Dios y como Él tan pequeño
Sobre mi Él no está ni yo debajo de Él.
(…)

      Yo bien sé que Dios sin mí vivir no puede
y si soy destruido Él tiene que morir.

 Esta referencia a la lírica femenina producida por hombres permite pensar que otras figuras de la fantasía podrían estar relacionadas con la de la niña- falo.

(…) en aquellos casos donde la introyección del pene y las fantasías de devoración juegan un papel o sea, siempre que la ecuación simbólica cuerpo= pene se mantiene, esta relación al pene tiene antecedentes pregenitales.

De la misma manera, la niña falo es en forma general no sólo un pene sino un niño, heces (contenidos del cuerpo materno) y leche. Es el introyecto, y aquél que es proyectado nuevamente. El pene, así, es solo el término final de la serie de introyectos. Mi intención era enfatizar, en especial, el último término de esta serie de introyectos.


[1] Rainer María Rilke, El libro de Horas, Buenos Aires, Lumen, 1997, p.59
[2] Fenichel, La ecuación simbólica: muchacha=falo, Serie Diva, Nº 15, Editor institucional Director Silvia E. Tendlarz, Buenos Aires, 1999. Traducción: Marcel B. Giandinoto (sobre la traducción inglesa de Henry Alden Bunker, M.D.)
[3]Fenichel. La ecuación simbólica niña=falo. Serie Bibliográfica n. 3 Biblioteca del C.F. – Barcelona; 1998 Traductor: Eldar, Shula
[4] Rainer María Rilke, El libro de Horas (Das Studen-Buch), (1898-1903), Libro primero: “el libro de la vida monástica” (1899), Barcelona, Lumen, 1993
[5] (1624-1677) Johannes Scheffler adoptó el nombre de Angelus Silesius al convertirse al catolicismo. Perteneció a la corriente mística alemana que vincula la antigua mística medieval con la filosofía y especulación sobre la naturaleza consecuencia del platonismo y neoplatonismo renacentista. Fue uno de los místicos más importantes e influyentes del S XVII. En 1675 publica “Cherubinscher Wandersmann” (el peregrino querubínico) cuyo tema central es la relación hombre (ego)- Dios.

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