Prólogo de Ricardo Rodriguez Ponte

PRÓLOGO a la edición de “Al pie de la letra 1”

El volumen que el lector tiene entre manos, por ser parte de un proyecto ambicioso, promete otros en los que, siguiendo una lógica supuesta a la escansión y el orden de sus cinco apartados, se tratará de leer, “al pie de la letra”, el escrito de Lacan titulado De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis. Dividido este primer volumen en dos grandes secciones dedicadas la primera a las referencias y la segunda a las articulaciones, en esta última las autoras, que son tres, ponen a prueba una por una y cada una a su manera y con su propia lectura la lógica supuesta antedicha. El trabajo en común que construyó paso a paso la primera de las secciones ― tiempo para comprender en el que la búsqueda y hallazgo de las referencias se tejía en un diálogo constante entre las autoras ― precipita en la segunda de las secciones en la que, concluyendo al mismo tiempo, cada una de las autoras concluye por su propia cuenta y riesgo. La singularidad de las firmas que dan fe de esto en los seis textos de esta segunda sección invita al lector a hacer lo propio.
Su condición de parte de un recorrido, no obstante, no lo priva de unidad, pues la lógica supuesta al recorrido igualmente proporciona unidad a sus estancias. Del mismo modo que el mencionado proyecto no excluye este otro: proporcionar un método de lectura que en todo caso no es frecuentemente empleado a la hora de leer un escrito de Lacan. A saber, tomarse el trabajo que implica no dejarse intimidar por la erudición de Lacan poniéndose en contacto con los saberes que ésta comporta, para luego poner a estos al servicio de una lectura a la letra del escrito. Repartido este esfuerzo en las dos secciones mencionadas, referencias y articulaciones, como uno de sus primeros lectores al menos, si no el primero de este libro, doy fe que el mismo ha superado para mí la siempre riesgosa puesta prueba de la lectura.
Mencionar algunas de las muchas virtudes de este primer volumen, previamente a que el lector tome contacto con él, podría incitar la desconfianza, al menos de quienes recuerden aquella advertencia de Borges en cuanto a que cuando no son propicios los astros el prólogo “es una forma subalterna del brindis” *1 … y sabemos que tratándose de la llamada literatura psicoanalítica los astros casi nunca lo son. Mencionaré por lo tanto sólo dos de la primera de las secciones (los artículos de la segunda hablan perfectamente por sí mismos), cuya selección es reconocidamente caprichosa, mero índice de lo primero que le agradecí a este libro luego de acabada la primera, rápida lectura: la referencia a los empleos en la lengua francesa de una palabra, podríamos decir, casi inexistente, aunque Lacan la emplea en este escrito: anthiphysis, y dos traducciones de invalorable utilidad: el texto original y posterior traducción de parte de las Lecciones Clínicas de Séglas, y la traducción del prefacio que redactaron Ida Macalpine y Richard Gunter para su traducción de las “Memorias” de Schreber al inglés.
Las autoras se pusieron en contacto conmigo a mediados del año pasado. Al parecer, habían leído lo que yo había desarrollado en algunos textos y seminarios, y suponían que dialogar conmigo podía aportarles algo, sea como orientación de la investigación que ya habían más que iniciado, sea para confrontar opiniones, etc. Me impresionó desde el primer momento la seriedad con la que habían afrontado su proyecto, y desde nuestro primer encuentro sentí que yo podía aprender de lo que sometían a mi examen. Supongo que las autoras consideraron que de su diálogo conmigo extrajeron algún beneficio y por eso me pidieron que prologara este resultado. Lo hago con gusto y sin necesidad de medir lo que le tocó a cada una de sus partes, pues lo que me tocó a mí me permite eludir sin reservar la advertencia de Borges. Esta vez al menos, los astros lo fueron.
En nuestros encuentros las autoras ― que, reitero, tras un prolongado tiempo de estudio de un tema elegido en común e intercambio entre ellas a propósito de lo que en esa investigación iban obteniendo, finalmente concluyeron cada una por su lado, no necesariamente el mismo, en un simultáneo momento de concluir ― no mencionaron nunca la palabra cartel, tan empleada entre los lacanianos y tan pocas veces realizada. Pero si de lo que da testimonio este primer volumen no ha sido uno, no sé qué pueda serlo.

* 1 Jorge Luis BORGES, Prólogos, Torres Agüero Editor, Buenos Aires, 1975, p. 8.

Ricardo E. Rodríguez Ponte

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